domingo, febrero 19, 2012

Quincuagesimosegundo Cómputo

"Diómedes"

Nací esclavo. Antes no lo sabía. Simplemente era un juego el trabajo duro, los días interminables bajo el sol quemando la nuca y la espalda. El conocimiento del suplicio vino después. Mas el juego continuaba tanto como se extendía la vida. Vi morir a mis abuelos, esclavos como yo. Vi morir a mis padres, esclavos como yo. Veía a mis hermanos seguir hacia el mismo indeclinable hado. Como una cruel broma, cumplida mi mayoría de edad, y (aún) creyéndome libre, fui llevado a un largo viaje con el hijo menor del Amo. Ahí conocí el hambre y el calor asfixiantes. El desierto no es bueno, decíamos entre nosotros, no hay sombra ni comida. Sólo unos pocos volvimos a casa. Comprendí lo prescindible de nuestras vidas, y yo, siempre obediente, por primera vez desobedecí. Entonces conocí el látigo y la claridad del dolor. Fuimos marcados con números, y nunca más hubo un dejo de respeto en el trato de los Amos. Yo los miraba, día tras día, intentando comprender sus pensamientos, mas nunca pude hacerlo. Hoy los veo caminar con la soltura de su innata libertad y siento repulsión. He visto la muerte de los míos y deseo la muerte para ellos. Anhelo ver sus cuerpos desgarrados y ensangrentados. Si sólo tuviera la oportunidad, cortaría sus cabezas y las arrastraría por el campo. Sí, lo haré cuando tenga la oportunidad.

- Es raro, pero creo que nos está mirando fijamente, como con odio.
- No seas idiota, Diomedes. Es sólo un caballo.

sábado, enero 28, 2012

Quincuagesimoprimer Cómputo

El círculo da la vuelta y al terminar la vuelve a dar. (K. Johansen)


El panadero estaba de acuerdo. El sacerdote estaba de acuerdo. Todos, en el bar, estaban de acuerdo. No era la opinión fortuita de la vejez reprochando la jovialidad juvenil. No, había más que eso. Poner de acuerdo al señor Corvalán y al señor Guzmán era una hazaña casi improbable, pero ese día, en ese lugar, frente a esas personas y sobre ese tema estaban en completa armonía. La pesadumbre en el ambiente era sólo el colorete mal puesto en la mejilla social de tan plural grupo. El sastre Fernández gruñía malhumorado, "algo hay que hacer", repetía constantemente. El sacerdote fue más realista. "Nada podemos hacer, es el destino. Si tan trágica suerte le depara a esos jóvenes es casi un juego de Eros o Cupido. Mira que venirse a enamorar llamándose Romeo y Julieta".

jueves, noviembre 10, 2011

Quincuagésimo Cómputo

Entre los actos de evangelización del cristianismo está la escritura misma del libro sagrado. La biblia vulgata fue traducida por Jerónimo de Estridón del latín clásico al latín corriente. "Vulgata editio" significa "edición para el pueblo". Cristianismo vulgar, sería una fácil y cómica asociación. Gracias, Guillermo Cabrera Infante.


- Atlantis.

- Pelotillehue.

- Urantia.

- Utopia.

- Santiago.

- ¿Santiago es una ciudad imaginaria?

- Como las Vírgenes, cada lugar tiene su propio Santiago. Lo es.

- Como un espejismo.

- No. ¿Tienes un cigarro?

- No. El punto, mi amigo, es que nunca he estado muy seguro de la cuántica.

- Cuática.

- Hipocondríaca.

- Hipocorística.

- Hipopotámica.

- ¿Y eso qué es?

- Grande y feo, como un hipopótamo.

- Como tu madre.

- Sí, a veces. Aunque debo decirte, está más bella que nunca. La muerte le sienta bien.

- Como a todos.

- Tienes algo en el ojo.

- Tal vez sea una catarata.

- Del Niágara.

- Más local, las Siete Tazas del ojo. Los siete ojos de la taza.

- Los 40 vecinos en el pueblo.

- ¿40? ¿Como los emprendedores amigos de Alí Babá?

- Nunca los conté.

- Ni ellos a ti. ¿Tienes un cigarro?

- No. Tengo una idea en la lengua

- Escúpela.

- Estoy seco.

- Dos cervezas más, por favor.

- Y para mí una copa de cabernet. Cabaret. Carpe diem.

- No te pongas sentimental ahora.

- Extraño esos momentos en que veía al cielo y no me preocupaba por el clima, sino por la probabilidad de ver un ángel o un platillo volador cayendo.

- Se dice tiempo, no clima. ¿Ves cómo sí te pones melancólico?

- Los tiempos se prestan para eso.

- No así las mujeres.

- Las mujeres no se prestan, se ofrecen. Diferencia semántica entre la prostitución y la masturbación solidaria.

- Míralo a él.

- ¿Qué tiene?

- Está borracho.

- No te pongas moralista.

- Au contraire, considéralo un hombre feliz.

- Como los dementes, locos y esquizofrénicos.

- Los esquizofrénicos no. Me perturban sus sensaciones de vacío en el tiempo.

- Amas la memoria.

- Amo la mermelada. Por la memoria tengo un profundo respeto.

- Muchas veces se pierde.

- ¿La memoria o el respeto? ¿Tienes un cigarro?

- Ambas. No.

- Me están llamando.

- ¿Es la maraca?

- No, es la otra. Mi polola ya no me llama como antes.

- Mejor así.

- Sí. Esos gritos me están volviendo loco.

- Dejad que los perros ladren, Sancho, esa es señal de que vamos avanzando.

- Estamos sentados.

- Metáfora.

- Metafísica.

- Metalúrgica.

- Metaalérgica.

- Hablando de neologismos.

- Es lo que yo llamo "irse de copas". ¿Tienes un cigarro?

- No. Pero puedo conseguirme unos cogollos.

- Bueno. Pero luego no alegues.

- ¿Por las conversaciones lisérgicas?

- De la vida en general. Y mucho menos de la muerte.

sábado, octubre 22, 2011

Cuadragesimonoveno Cómputo

Frente a ella se paraba estoicamente, aguantando cada palabra, cada insulto, cada maldición, como queriendo decirle con los ojos que sus palabras no tenían ningún valor; igual, al terminar la jornada, ella estaría tirada en la cama, jadeante, pidiendo más.


"Termópilas"

El acto sexual debe ser violento.
Los hombres que pasan por ti debieran golpearte,
maltratarte,
maldecirte
y maltraerte.
Cualquier grado de sonoridad en tu garganta merecería una palmada.
Debiese haber castigo para tu sensualidad y calentura.
Debiese haber castigo para esa forma en que retuerces la cadera
cuando te sientas sobre tu amante
y revuelves su cuerpo como batidora en celo.
Debiese haber castigo para las obscenidades que dices
(y haces)
cada mañana, cada noche, cada día a las 23:46
cuando despides a tu amante y recibes al primer cliente.

Te llevaría tranquilamente al purgatorio o a la casa de tu madre
para que entendieras lo difícil que es que te salgas con la tuya,
con la de él, la de ella.
Conozco tus gustos de Safo,
y disfruto la morbosidad de descubrir una Termópilas en tus sábanas.
Un consomé griego.
Sé que tu cuerpo no resiste la bulimia carnal.
Sé cuánto te gusta.
Pero no se te puede castigar;
es el castigo lo que disfrutas.

miércoles, octubre 19, 2011

Cuadragesimoctavo Cómputo

Lo que está escrito no fue pensado para ser leído por ti. Sinceramente.


Esta era la palabra.
Se me escapaba escurridiza de la sien
y se anidaba en mi pecho para darte calor con cada abrazo.

Soñaba; y el sueño era una conversación entre ella (tú) y yo (yo),
en silencio,
expertos en encontrar las palabras precisas
para no decir nada.

Y bueno, ¿Harás que valga la pena el esfuerzo?
¿Te montarás en mis brazos para comerte mi cuello
mientras como tus senos?
Mi corazón es un timbal de grandes proporciones
que sólo se acalla para escuchar tu voz.
¿Ves?
También uso palabras llenas de lírica
y no de anatomía humana.

Me cansa la poesía.
Me cansa escribir palabras llenas de sentimiento
cuando lo único que deseo es escupir a alguien en sus zapatos.
Sé que a veces soy el único que te escucha,
pero te aclaro que mis intenciones son puramente eróticas.
No me confundas con pretenciones ulteriores, metáforas o metonimias.
Si para llevarte a la cama tengo que mentirte,
te vomitaré este poemario en la cara.

martes, agosto 30, 2011

Cuadragesimoséptimo Cómputo

Me pide una moneda, dice que tiene hambre. Yo lo miro. Su rostro descuidado y su ropa andrajosa me indican que puede estar diciendo la verdad. Lo invito a un restaurante no muy caro para que coma un plato de comida caliente y una copa de vino. Entre el ardor del cabernet y la belleza del lomo, su cara parece tranquila. Parece feliz. Le pregunto quién eres. Yo alguna vez fui abogado y profesor. Solía leer tres libros a la semana, buscando en las palabras aquello que no encontraba ni en los tribunales ni en las aulas. Solía querer a las personas. Tenía esperanza. Lo perdí todo y sólo me quedaron las letras y el vino. Le pregunto qué pasó. Una pesadilla. Un rostro que vuelve y vuelve a mis sueños. Una mujer... una mujer pasó.

domingo, junio 05, 2011

Cuadragesimosexto Cómputo

El Cómputo hacia la vida que se acaba y la otra vida que no quiere comenzar. La diferencia es pequeña, pero decidora.


"El nombre no tiene nombre"

Mis pies son para patear puertas y convertir a cristianos en moros.
Soy un cristo milagroso que transforma el pensamiento en palabra,
la palabra en papel,
el papel en cogollo.
Vine al mundo a darle forma de gaviota, a darle vuelo y consistencia.
Mientras camino por la tierra voy sembrando esperanza en la hormiga,
en el cuervo y el vagabundo. Lamo la piel de los que me rodean.
Mi deporte es descubrir las imperfecciones del mundo
para enterarme de que son simplemente bellas.
Las balas pasan por mi cuerpo dejando cicatrices en iglesias, mezquitas y sinagogas.
Yo profeticé la muerte de dios dos mil años antes de su muerte
y les enseñé a los filósofos el pronombre tú.
Soy un verbo gerundio, voy comiendo, caminando, pensando, transcribiendo,
aniquilando, sopesando, reviviendo, lamentando, iluminando y comprendiendo.
Si la humanidad no vuelve sobre sus pasos
la haré volver con gritos y pornografía, con sermones y perros.
Tengo la respuesta a todas las preguntas y ya escribí el verso final del último poema del mundo.
Antes de mi muerte tomaré una lata de atún y la multiplicaré,
tomaré un pan de molde y lo multiplicaré:
le daré de comer a los gatos que viven bajo mi cama,
diré una última palabra gloriosa
y mi epitafio se escribirá con la sangre de aquellos que se atrevan a tocar mi cadáver.

sábado, mayo 21, 2011

Cuadragesimoquinto Cómputo

La historia se escribe con un chico de casi 24 años y una chica de edad indefinida. El tiempo es el mismo que se demora el pensamiento en transformarse en la palabra 'hola'.


No me dejes así, pequeña mariposa, no escapes. No te conviertas en aire que no pueda respirar. El mundo es pequeño como el ojo izquierdo del caracol que se arrastra junto a tu silla. Te encontraré. Donde sea que vayas, te encontraré. Nadie usa esos guantes rojos con la elegancia tuya. Puedes cambiar tus ojos, tu peinado, tus labios. Pero nunca cambiarás tus manos. Esas pequeñas manos. Se mueven por el aire en actitud de desaire, contradicción total. Son culpables de mi silencio cuando tocan el timbre del micro. Te culpo, pequeña mariposa. Te juzgo. Escapas y me separa una calle de ti. Me separa la muerte bajo un automóvil en exceso de velocidad porque el conductor estaba ebrio. O tal vez sólo tenía sueño. Es el momento del día en que la única diferencia entre ambos es el hálito: café podrido o alcohol podrido. Entras en la tienda y no sabes qué comprar. Sólo escapas. Sólo muerdes la uña de tu dedo anular izquierdo. ¿Dónde dejaste el guante rojo? Me desesperas, mujer, me aniquilas. Ayer yo era la felicidad completa escuchando música y pensando en cosas inútiles como desempleo y paz mundial. Hoy todo parecen corazones rosados y nubes con cara de ángeles. Lo que supongo son caras de ángeles, blancas, esponjosas, absolutas, altaneras, fácilmente desplazadas por el viento. Piérdete. No vuelvas. Conviértete en aire. Tal vez te respiro. Quizás alimentas mi sangre. O terminas escapando de mi cuerpo en forma de palabra como un simple 'chao'.

miércoles, mayo 11, 2011

Cuadragesimocuarto Cómputo

"Sacher-Masoch"

El ambiente suda. El aire es pesado, se carga sobre tus hombros como una viga de acero o un tronco de árbol del sur. Su vestido rojo enciende la noche. Provoca alucinaciones. Provoca desvarío. Incita a la perversión. Es cosa de agarrar con tu mano su muslo, apretarlo hasta que tu mano parezca un tatuaje mal hecho. Es cosa de besarla, morder su labio y beber la hidromiel que hace su saliva mezclada con sangre. Abrir tu mano y palmearla en el trasero. Dos veces. Dos más. Más fuerte. Que grite, que duela, que gima, que disfrute. Ella sabe lo que quiere; agarra cualquier cosa que tenga a la mano y parezca una macana. Y la pone en tu mano, como diciéndote "hazlo, es lo que quiero". La atas a una mesa, a una silla. La golpeas suavemente, como queriendo relajar sus músculos, como suavizando la carne antes de echarla al fuego. Entonces el desenfreno le gana a la razón, el instinto de muerte le arrebata la prioridad a cualquier sentido moral. Sólo la sangre puede calmar tu sed, sólo su cuerpo amoratado tiene sentido, sólo su llanto se asemeja al placer. Pero cuando tocas su piel lo sientes, ella lo disfruta. Cuando hundes tus dedos en su vagina puedes oler la humedad que delata el orgasmo. Y en un instante de sobriedad la ves maltrecha. Te preocupas, parece débil atrapada en tus manos.

- Ya basta.
- No te atrevas, no pares.
- Pero mírate, estás sangrando.
- No te preocupes, así es como me gusta.

sábado, abril 23, 2011

Cuadragesimotercer Cómputo

Se para frente a mí. Cuelga su cuello en mi hombro. Su mirada insiste en el horizonte. Yo muevo el brazo para intentar comprender su respiración. Se agota en mí con sus labios encabritados. Su pelo amenaza mi respiración metiéndose en mi boca y nariz. Todo se vuelve negro. Todo se vuelve luz. De ida y de vuelta. El vaivén es incesante. La necesidad de inclinarte y doblar las rodillas es perentoria. No quieres caer. No quieres aplastarla. Cumplimos la ley de Newton oponiendo fuerzas, cuerpo contra cuerpo, pecho contra espalda. La respiración se entrecorta, se acerca el momento de la despedida. Debo escapar. Una última mirada. La puerta del vagón del metro está abierta.

miércoles, abril 13, 2011

Cuadragesimosegundo Cómputo

El poema se marchita como una rosa. El poema crepita como el fuego. El poema se desliza como el susurro por el viento. El poema es fuerte como la roca que resiste la ola. El poema es agónico como el suspiro. El poema es invisible como la física cuántica. El poema es verdadero. No hay otra verdad.


I

El poema toma la forma incólume de un velo;
sobre los ojos, pero permite ver;
se asocia con el viento, mas no escapa;
registra los sonidos, pero no los atrapa.

II

Leo a Alessandro Baricco, Seda,
leo a Albert Einstein, Sobre la teoría de la relatividad,
leo a Antonin Artaud, Para terminar con el juicio de Dios,
leo sutras theravada, mahayana, vajrayana por igual.
El ojo no discrimina la palabra,
la belleza de una mujer, quizás

III / IV

El cuerpo se vuelve tibio / El agua llena el hervidor.
Ella toca su cuerpo con las yemas de los dedos / El calor acaricia el agua.
Se desnuda paciente, sensual, pornográfica / El agua entra en el caos.
Lleva una mano a su entrepierna, juguetona /El hervidor se agita y grita.
Su otra mano le circunda un pezón, gime / Evaporación del agua.