lunes, enero 21, 2013
Quincuagesimocuarto Cómputo
Planto mi pie al suelo como el mástil de acero que no se moverá de su sitial.
Como el roble, podrá caer la vida en sus raíces y no se moverá.
Me quedaré en esta tierra porque le pertenezco.
Le pertenezco al árbol, a la garza, a los chiquillos jugando fútbol y los viejos corriendo en bicicleta.
Soy del bar, del cerro, de la plaza, del matadero.
Vi morir al cerdo para comerlo.
El sonido de la muerte es el mismo de la vida. Sólo que es irremediable.
Quien camina por este lugar puede escucharlo en el viento
si no ocupa su atención completa en las faldas de las señoritas.
Es Eolo, dama, no yo, el que pone en entrevero mi concentración, es él el cortesano.
Me quedo aquí porque es mi deseo.
Y por eso me voy.
Para añorarlo.
Para volver cada vez como un hijo pródigo bíblico que vuelve a su padre
para ser agasajado con vestimentas, banquetes y sacrificios.
Abrázame, padre.
Abrázame, tierra. Río.
Vuelvo y volveré constantemente.
Planto firme mi pie en esta tierra.
El polvo de este suelo es mi corazón y orgullo.
viernes, julio 06, 2012
Quincuagesimotercer Cómputo
“Sí man i yulma nin enquantuva?”
Para abrazar la botella no necesito un bolero triste, sangrante.
El bolero lo escribo yo en cada beso.
Convierto el poema en música y a través de ella
el bar se transforma en burdel
y la cerveza en mi coja, maltratada y teñida prostituta.
No puedo dejarla.
Vuelve a mí y me dice bebe.
Me dice que el futuro ya se fue, que hay que beber por el pasado.
Que hay que beber por el futuro.
Y llega la rubia (teñida) trayendo dos morenas.
Las siento en mis manos. Les explico que soy joven en esto;
7 u 8 años.
A lo más 10.
Que lo descubrí en la juventud y el placer fue determinante.
Que los años de Universidad me abrieron la mente
a disfrutarlas en tríos e infinitas orgías,
que sin embargo me dejaron maltrecho y cansado.
Les digo que no teman, que siempre estaré ahí, hasta el último sorbo.
Perdón,
aliento.
El bolero es en verdad más amargo que la cerveza y el vómito.
Y el vino cabernet de siempre.
Con ese moriré acostado, desnudo.
¿De qué me podría siquiera servir la vida sin servirme una copa?
Mujer, déjame aquí.
Aquí nací como persona, junto a esta botella.
En ella me imaginé tus besos y tu sexo.
Si fuiste mía fue por ella. Dale las gracias.
Salud, mi negra.
¿Quién me llenará de nuevo la copa?
domingo, febrero 19, 2012
Quincuagesimosegundo Cómputo
sábado, enero 28, 2012
Quincuagesimoprimer Cómputo
jueves, noviembre 10, 2011
Quincuagésimo Cómputo
sábado, octubre 22, 2011
Cuadragesimonoveno Cómputo
miércoles, octubre 19, 2011
Cuadragesimoctavo Cómputo
martes, agosto 30, 2011
Cuadragesimoséptimo Cómputo
domingo, junio 05, 2011
Cuadragesimosexto Cómputo
sábado, mayo 21, 2011
Cuadragesimoquinto Cómputo
La historia se escribe con un chico de casi 24 años y una chica de edad indefinida. El tiempo es el mismo que se demora el pensamiento en transformarse en la palabra 'hola'.
No me dejes así, pequeña mariposa, no escapes. No te conviertas en aire que no pueda respirar. El mundo es pequeño como el ojo izquierdo del caracol que se arrastra junto a tu silla. Te encontraré. Donde sea que vayas, te encontraré. Nadie usa esos guantes rojos con la elegancia tuya. Puedes cambiar tus ojos, tu peinado, tus labios. Pero nunca cambiarás tus manos. Esas pequeñas manos. Se mueven por el aire en actitud de desaire, contradicción total. Son culpables de mi silencio cuando tocan el timbre del micro. Te culpo, pequeña mariposa. Te juzgo. Escapas y me separa una calle de ti. Me separa la muerte bajo un automóvil en exceso de velocidad porque el conductor estaba ebrio. O tal vez sólo tenía sueño. Es el momento del día en que la única diferencia entre ambos es el hálito: café podrido o alcohol podrido. Entras en la tienda y no sabes qué comprar. Sólo escapas. Sólo muerdes la uña de tu dedo anular izquierdo. ¿Dónde dejaste el guante rojo? Me desesperas, mujer, me aniquilas. Ayer yo era la felicidad completa escuchando música y pensando en cosas inútiles como desempleo y paz mundial. Hoy todo parecen corazones rosados y nubes con cara de ángeles. Lo que supongo son caras de ángeles, blancas, esponjosas, absolutas, altaneras, fácilmente desplazadas por el viento. Piérdete. No vuelvas. Conviértete en aire. Tal vez te respiro. Quizás alimentas mi sangre. O terminas escapando de mi cuerpo en forma de palabra como un simple 'chao'.