No es poesía lo que estamos haciendo, es ruido de sables.
Somos la revolución compañeros.
Cambiaremos la J por una H profunda, pero igualmente muda.
Patearemos con nuestros pies enzapatados los testículos del burgués moral.
Oiremos crujir el cerebro del millonario
y nos reiremos a carcajadas.
Somos la fuerza revolucionaria de la nada misma.
Y dígame usted (si se atreve) ¿Qué, en este mundo, puede ser más revolucionario que la nada?
Por eso tome a esa mujer lasciva;
por eso quítele la ropa;
por eso viólela.
Por eso no le diga palabras de amor que en verdad no siente.
La revolución se llamará sinceridad.
Diga: yo expelí esa flatulencia.
Diga: yo me comí la última lata de atún.
Diga: yo robé el ron que tenías guardado.
Diga sin miramientos y sin piedad: No te amo, de ti quiero sexo y nada más.
Somos la revolución compañeros, somos la verdad.
¡Revolucionarios del mundo, escuchad, sed libres!
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