viernes, diciembre 17, 2010

Trigesimoquinto Cómputo

Cada vez que entro en ti es una revolución. Cada vez que mis ejércitos zapatistas entran en tu Chiapas desnudo es mi sexta declaración de la selva lacandona. Cada vez que me roza tu cuerpo siento la fuerza de un Sendero Luminoso. Por eso no puedo escapar de tu selva mozambiqueña sin un Frelimo. Por eso quiero invadir tus labios a fuerza de Vietcong. Por ti seré un Che, un Fanon, un Torres buscando liberarte de tu prisión.


No es poesía lo que estamos haciendo, es ruido de sables.
Somos la revolución compañeros.
Cambiaremos la J por una H profunda, pero igualmente muda.
Patearemos con nuestros pies enzapatados los testículos del burgués moral.
Oiremos crujir el cerebro del millonario
y nos reiremos a carcajadas.
Somos la fuerza revolucionaria de la nada misma.
Y dígame usted (si se atreve) ¿Qué, en este mundo, puede ser más revolucionario que la nada?
Por eso tome a esa mujer lasciva;
por eso quítele la ropa;
por eso viólela.
Por eso no le diga palabras de amor que en verdad no siente.
La revolución se llamará sinceridad.
Diga: yo expelí esa flatulencia.
Diga: yo me comí la última lata de atún.
Diga: yo robé el ron que tenías guardado.
Diga sin miramientos y sin piedad: No te amo, de ti quiero sexo y nada más.

Somos la revolución compañeros, somos la verdad.
¡Revolucionarios del mundo, escuchad, sed libres!

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