miércoles, octubre 19, 2011

Cuadragesimoctavo Cómputo

Lo que está escrito no fue pensado para ser leído por ti. Sinceramente.


Esta era la palabra.
Se me escapaba escurridiza de la sien
y se anidaba en mi pecho para darte calor con cada abrazo.

Soñaba; y el sueño era una conversación entre ella (tú) y yo (yo),
en silencio,
expertos en encontrar las palabras precisas
para no decir nada.

Y bueno, ¿Harás que valga la pena el esfuerzo?
¿Te montarás en mis brazos para comerte mi cuello
mientras como tus senos?
Mi corazón es un timbal de grandes proporciones
que sólo se acalla para escuchar tu voz.
¿Ves?
También uso palabras llenas de lírica
y no de anatomía humana.

Me cansa la poesía.
Me cansa escribir palabras llenas de sentimiento
cuando lo único que deseo es escupir a alguien en sus zapatos.
Sé que a veces soy el único que te escucha,
pero te aclaro que mis intenciones son puramente eróticas.
No me confundas con pretenciones ulteriores, metáforas o metonimias.
Si para llevarte a la cama tengo que mentirte,
te vomitaré este poemario en la cara.

martes, agosto 30, 2011

Cuadragesimoséptimo Cómputo

Me pide una moneda, dice que tiene hambre. Yo lo miro. Su rostro descuidado y su ropa andrajosa me indican que puede estar diciendo la verdad. Lo invito a un restaurante no muy caro para que coma un plato de comida caliente y una copa de vino. Entre el ardor del cabernet y la belleza del lomo, su cara parece tranquila. Parece feliz. Le pregunto quién eres. Yo alguna vez fui abogado y profesor. Solía leer tres libros a la semana, buscando en las palabras aquello que no encontraba ni en los tribunales ni en las aulas. Solía querer a las personas. Tenía esperanza. Lo perdí todo y sólo me quedaron las letras y el vino. Le pregunto qué pasó. Una pesadilla. Un rostro que vuelve y vuelve a mis sueños. Una mujer... una mujer pasó.

domingo, junio 05, 2011

Cuadragesimosexto Cómputo

El Cómputo hacia la vida que se acaba y la otra vida que no quiere comenzar. La diferencia es pequeña, pero decidora.


"El nombre no tiene nombre"

Mis pies son para patear puertas y convertir a cristianos en moros.
Soy un cristo milagroso que transforma el pensamiento en palabra,
la palabra en papel,
el papel en cogollo.
Vine al mundo a darle forma de gaviota, a darle vuelo y consistencia.
Mientras camino por la tierra voy sembrando esperanza en la hormiga,
en el cuervo y el vagabundo. Lamo la piel de los que me rodean.
Mi deporte es descubrir las imperfecciones del mundo
para enterarme de que son simplemente bellas.
Las balas pasan por mi cuerpo dejando cicatrices en iglesias, mezquitas y sinagogas.
Yo profeticé la muerte de dios dos mil años antes de su muerte
y les enseñé a los filósofos el pronombre tú.
Soy un verbo gerundio, voy comiendo, caminando, pensando, transcribiendo,
aniquilando, sopesando, reviviendo, lamentando, iluminando y comprendiendo.
Si la humanidad no vuelve sobre sus pasos
la haré volver con gritos y pornografía, con sermones y perros.
Tengo la respuesta a todas las preguntas y ya escribí el verso final del último poema del mundo.
Antes de mi muerte tomaré una lata de atún y la multiplicaré,
tomaré un pan de molde y lo multiplicaré:
le daré de comer a los gatos que viven bajo mi cama,
diré una última palabra gloriosa
y mi epitafio se escribirá con la sangre de aquellos que se atrevan a tocar mi cadáver.

sábado, mayo 21, 2011

Cuadragesimoquinto Cómputo

La historia se escribe con un chico de casi 24 años y una chica de edad indefinida. El tiempo es el mismo que se demora el pensamiento en transformarse en la palabra 'hola'.


No me dejes así, pequeña mariposa, no escapes. No te conviertas en aire que no pueda respirar. El mundo es pequeño como el ojo izquierdo del caracol que se arrastra junto a tu silla. Te encontraré. Donde sea que vayas, te encontraré. Nadie usa esos guantes rojos con la elegancia tuya. Puedes cambiar tus ojos, tu peinado, tus labios. Pero nunca cambiarás tus manos. Esas pequeñas manos. Se mueven por el aire en actitud de desaire, contradicción total. Son culpables de mi silencio cuando tocan el timbre del micro. Te culpo, pequeña mariposa. Te juzgo. Escapas y me separa una calle de ti. Me separa la muerte bajo un automóvil en exceso de velocidad porque el conductor estaba ebrio. O tal vez sólo tenía sueño. Es el momento del día en que la única diferencia entre ambos es el hálito: café podrido o alcohol podrido. Entras en la tienda y no sabes qué comprar. Sólo escapas. Sólo muerdes la uña de tu dedo anular izquierdo. ¿Dónde dejaste el guante rojo? Me desesperas, mujer, me aniquilas. Ayer yo era la felicidad completa escuchando música y pensando en cosas inútiles como desempleo y paz mundial. Hoy todo parecen corazones rosados y nubes con cara de ángeles. Lo que supongo son caras de ángeles, blancas, esponjosas, absolutas, altaneras, fácilmente desplazadas por el viento. Piérdete. No vuelvas. Conviértete en aire. Tal vez te respiro. Quizás alimentas mi sangre. O terminas escapando de mi cuerpo en forma de palabra como un simple 'chao'.

miércoles, mayo 11, 2011

Cuadragesimocuarto Cómputo

"Sacher-Masoch"

El ambiente suda. El aire es pesado, se carga sobre tus hombros como una viga de acero o un tronco de árbol del sur. Su vestido rojo enciende la noche. Provoca alucinaciones. Provoca desvarío. Incita a la perversión. Es cosa de agarrar con tu mano su muslo, apretarlo hasta que tu mano parezca un tatuaje mal hecho. Es cosa de besarla, morder su labio y beber la hidromiel que hace su saliva mezclada con sangre. Abrir tu mano y palmearla en el trasero. Dos veces. Dos más. Más fuerte. Que grite, que duela, que gima, que disfrute. Ella sabe lo que quiere; agarra cualquier cosa que tenga a la mano y parezca una macana. Y la pone en tu mano, como diciéndote "hazlo, es lo que quiero". La atas a una mesa, a una silla. La golpeas suavemente, como queriendo relajar sus músculos, como suavizando la carne antes de echarla al fuego. Entonces el desenfreno le gana a la razón, el instinto de muerte le arrebata la prioridad a cualquier sentido moral. Sólo la sangre puede calmar tu sed, sólo su cuerpo amoratado tiene sentido, sólo su llanto se asemeja al placer. Pero cuando tocas su piel lo sientes, ella lo disfruta. Cuando hundes tus dedos en su vagina puedes oler la humedad que delata el orgasmo. Y en un instante de sobriedad la ves maltrecha. Te preocupas, parece débil atrapada en tus manos.

- Ya basta.
- No te atrevas, no pares.
- Pero mírate, estás sangrando.
- No te preocupes, así es como me gusta.

sábado, abril 23, 2011

Cuadragesimotercer Cómputo

Se para frente a mí. Cuelga su cuello en mi hombro. Su mirada insiste en el horizonte. Yo muevo el brazo para intentar comprender su respiración. Se agota en mí con sus labios encabritados. Su pelo amenaza mi respiración metiéndose en mi boca y nariz. Todo se vuelve negro. Todo se vuelve luz. De ida y de vuelta. El vaivén es incesante. La necesidad de inclinarte y doblar las rodillas es perentoria. No quieres caer. No quieres aplastarla. Cumplimos la ley de Newton oponiendo fuerzas, cuerpo contra cuerpo, pecho contra espalda. La respiración se entrecorta, se acerca el momento de la despedida. Debo escapar. Una última mirada. La puerta del vagón del metro está abierta.

miércoles, abril 13, 2011

Cuadragesimosegundo Cómputo

El poema se marchita como una rosa. El poema crepita como el fuego. El poema se desliza como el susurro por el viento. El poema es fuerte como la roca que resiste la ola. El poema es agónico como el suspiro. El poema es invisible como la física cuántica. El poema es verdadero. No hay otra verdad.


I

El poema toma la forma incólume de un velo;
sobre los ojos, pero permite ver;
se asocia con el viento, mas no escapa;
registra los sonidos, pero no los atrapa.

II

Leo a Alessandro Baricco, Seda,
leo a Albert Einstein, Sobre la teoría de la relatividad,
leo a Antonin Artaud, Para terminar con el juicio de Dios,
leo sutras theravada, mahayana, vajrayana por igual.
El ojo no discrimina la palabra,
la belleza de una mujer, quizás

III / IV

El cuerpo se vuelve tibio / El agua llena el hervidor.
Ella toca su cuerpo con las yemas de los dedos / El calor acaricia el agua.
Se desnuda paciente, sensual, pornográfica / El agua entra en el caos.
Lleva una mano a su entrepierna, juguetona /El hervidor se agita y grita.
Su otra mano le circunda un pezón, gime / Evaporación del agua.

viernes, abril 01, 2011

Cuadragesimoprimer Cómputo

La luna llena roja oculta la sangre de los enamorados, juglares y poetas que en algún momento de su vida le imploraron al satélite un beso, un aplauso, un segundo de inspiración. Su luz es el reflejo de los ojos de las mujeres amadas. El color es un homenaje a aquellos que murieron de amor.

Para María, devota de esa luna roja.


Si clavas tu mirada en mí como un puñal ensangrentado;
si juegas como mariposa con los rayos de luz que chocan con tu pelo;
si vuelves a mí con el corazón en la mano y con la decisión en el estómago;
si la ironía aflora en tu boca como una rosa y la rosa la cantas en el poema;
si el poema es la espina y no la rosa;
si me dices todo aquello que no quiero, que no necesito escuchar;
si buscas en otros lo que no encuentras en mí;
si apareces y desapareces de mi vida como escapando de la luna llena;
si me paso la vida buscándote y nunca te encuentro;
¿cómo no vas a ser perfecta, soledad?

miércoles, marzo 02, 2011

Cuadragésimo Cómputo

Este es un intento de volver a vivir, de volver a soñar. De arrancarme ambos corazones y sopesarlos. Y al fin darme cuenta de que uno vale la pena y el otro no me llevará a ningún lado.


Mientras cabalgo de noche, atorado entre la montaña y el río, soy Walt Whitman.
Cubierto de mares, nubes y atavíos portentosos,
beso la boca de un hombre de barba que no sabe deletrear mi nombre.
Soy el capitán de mi barco, invoco todos mis deseos sexuales,
los reprimo a través de la tinta y los hago palabra para ser oída y recitada.

Voy a los bares a beber cerveza y cantar frente a un coro de indiferentes y papanatas,
escupo en la calle, pateo las mesas,
y dejo caer de mi mano el vaso que no llegará a mi boca.
Escribo en mi pecho un verso regalado por los mendigos
que mendigan mi dinero, trato de ser caritativo.

Cambio mi piel constantemente para no ser reconocido,
uso gafas oscuras, largas gabardinas y pelucas canosas
que me den un aire de superioridad senil.
Pero no soy céfiro, yo grito y resquebrajo el tímpano del energúmeno aquel
que se atreve a llamarme hombre y no amigo.

Caigo, y la gravedad me socorre como una enfermera
besando mi frente y mis heridas.
Entonces la calma se vuelve tormenta
y mi barco naufraga en una isla desierta del Pacífico sur;
llevándose con los restos de nao lo que me resta de conciencia.

Luego de la tormenta y el rayo el despertar es absoluto.
Una bella mujer (que ronca) a mi lado me recuerda que mi nombre
no es Walt Whitman.

martes, febrero 08, 2011

Trigesimonoveno Cómputo

El escenario está caliente. Se siente el calor que viene de las personas al otro lado de la cortina. El instrumento está frío. El metal es como un hielo cuando toca los labios. Las luces sólo pueden lograr que el sudor se haga evidente. La cortina se abre con un ritmo de agonía. El escenario es el limbo entre la muerte y la vida.


"Cuerdas y metal"

En el bar ves mis labios besar a una prostituta triste.
Ves mi cuerpo echarse para atrás esperando recibir en el pecho
la humanidad de una mujer madura.
Escuchas el unísono de cómo suben y bajan la cremallera de su vestido y mi pantalón.
No es masturbación, pero tiene un olor similar.
Olor de motel de pueblo del sur.

En el bar escuchas la música, sientes cada rasguño hecho a las cuerdas de la guitarra.
Y aunque no puedes verlo,
sientes cómo cada vez que una uña saca una nota endiablada
otro diablo usa su uña para rasgar la piel de un ángel con senos y lápiz labial.
Y en el sonido que recibes se mezclan las notas y los gemidos celestes.

En el bar ves el cuerpo de una morena sudar
con cada soplido del trompetista a su instrumento.
Ves sus ojos blancos delatando la sexualidad del viento.
Ves al trompetista sudar cada centímetro de piel canela en cuerpo de mujer.
Se mezclan las hormonas, las notas, las feromonas.
Y cuando la música empieza a derretirte el cerebro,
sabes que esa mujer está en un trance orgásmico del que no puede salir.
Y caes en una indesmentible masturbación mental.

En el bar escuchas las cuerdas y metales gemir al ritmo de un prostíbulo.
Y hay confusión.
La piel de una mujer se asemeja a una botella que, borracho y sediento, quieres besar y tocar.
La música se mezcla con tus pensamientos.
Tratas de hablar, de moverte, de eyacular.
Y la música sólo continúa para aumentar tu deseo sexual.

jueves, enero 20, 2011

Trigesimoctavo Cómputo

A Mariana, a un año de distancia...


Quisiera ver tu foto, pero la he perdido.
No puedo ver crecer tu pelo blanco,
ni besarlo para sentir que beso el cielo.
Quisiera escapar un momento del mundo y verte.
Decirte que extraño incluso aquello que nunca hiciste.
El sabor de tu comida.
El calor de tu abrazo.
La infinidad de tu memoria.
Si aún la posees, recuérdame.
Pero recuérdame contigo, recuérdame tocando tu puerta
o sentado a tu lado. No me recuerdes llorando.
No me recuerdes enfermo o sufriendo.
No me recuerdes como habitante del mundo.
Recuérdame niño.
Recuérdame en silencio.
Recuérdame en ruido.
Recuérdame en parsimonia.
Recuérdame en sonrisa o caricia.
Recuérdame verde y no negro.

Quisiera tener tu foto, pero la he perdido; perdí el mundo.
Pero créeme, si el corazón también es memoria,
que el sentimiento de ti no lo pierdo.
Te amo.
Te extraño.

domingo, diciembre 26, 2010

Trigesimoséptimo Cómputo

No. Mueve el brazo hacia la izquierda. Píntate las uñas negras. Tuerce el labio. Así, justo así. Ponte este vestido, pero no de esa forma. Ésa es la correcta. Bien. Péinate hacia la derecha. Endereza la columna, aprieta tus nalgas. No cierres los ojos. Esa es la forma de caminar, esa. Bien. Me gusta. Me encanta. Te pareces a ella.


"Busco tu cuerpo y no te busco"

Buscaré una mujer que me recuerde a ti y me haga olvidarte.
Quiero morder sus labios y sentir cómo si estuviera mordiendo los tuyos sin tocarlos.
Quiero acariciar su pelo, tu pelo, el pelo que se parece al tuyo, pero no es tuyo.
Me gustaría sentirte mía en el cuerpo de otra.
Caer en el error de tocarla y no tocarte;
que ella me hable con tu voz, pero sin tus palabras;
que ella sea única siendo una exacta imitación tuya.

Quiero perderme en su cuerpo como me perdía por las noches en el tuyo.
Y sentir que te hago el amor, cuando mi penetración no está en tu entrepierna.

No espero que tú busques lo mismo, aunque lo hagas.
Más bien creo que buscarás a mi contrario absoluto.
Te dolería ver mi cuerpo nuevamente sobre el tuyo.
No soportarías mis labios pintando sexualidad sobre tus labios.
No te gustaría sentir que me necesitas, y que no puedes tenerme nuevamente.

A mí poco me importa.
No me duele.
Me divierte.
Y si te hago sufrir en el cuerpo de otra, por favor, no esperes que me sienta culpable.
No sueñes que te pida una disculpa.

jueves, diciembre 23, 2010

Trigesimosexto Cómputo

En un cuarto con luz en crepúsculo hay dos hombres sentados frente a frente. Uno de ellos usa una gabardina negra larga y un sombrero de ala negro, está pulcramente afeitado; su nombre es X. El otro hombre usa ropa vieja y gastada, luce una barba de muchos días; su nombre es Y. En la mesa sólo hay un cenicero.


"El inmortal"

X - ¿Sabes por qué estás acá?

(X toma un cigarro y lo prende con un fósforo. Fuma.)

Y - Lo sé.

X - Sabes que no podemos permitirlo, ¿lo sabes, no?

Y - Lo sé.

X - Dime una cosa, cuando quisiste hacerlo...

Y - (Interrumpiendo) No quise hacerlo. Debía.

X - Bueno, pero cuando hiciste lo que hiciste, ¿qué pensaste?

(X apaga el cigarro en el cenicero.)

Y - Creí que podría terminarlo.

X - (Enojado) No seas idiota. No podías terminarlo haciendo eso. Creo que hay otra motivación en ese acto.

Y - ¿Qué motivación?

X - Simple, amigo mío. Creo que intentabas provocarlos. A los otros. Motivarlos a hacer lo mismo.

Y - No soy tu amigo.

X - Tienes razón, me disculpo por eso. Pero, ¿es correcta mi teoría?

(X enciende otro cigarro. Fuma.)

Y - No.

X - ¿Entiendes que si no cooperas pueden darte cadena perpetua?

Y - Lo entiendo.

X - Entonces dímelo, ¿por qué lo hiciste? ¿por qué a plena luz del día, con tantas personas capaces de reconocerte mirando?

Y - Experimento social.

X - Explícate.

Y - Quería ver la reacción de la gente. Quería ver la reacción de los paramédicos. Quería ver la reacción del maldito gobierno y del imbécil presidente. Quería ver tu reacción.

X -¿Es eso cierto? ¿Somos tu pequeño juguete? Idiota. Te secarás en la cárcel por hacerlo. Literalmente.

Y - Lo sé. Fue lo primero que pensé. Y a pesar de reflexionarlo mucho tiempo siempre llegué a la misma conclusión; debía hacerlo.

(X apaga el cigarro en el cenicero)

X - Pues debiste pensarlo unos cuantos años. ¿Estás listo?

Y - Estoy listo.

X - Llévenselo.

(Dos hombres uniformados entran y se llevan a Y.)

Fin.

viernes, diciembre 17, 2010

Trigesimoquinto Cómputo

Cada vez que entro en ti es una revolución. Cada vez que mis ejércitos zapatistas entran en tu Chiapas desnudo es mi sexta declaración de la selva lacandona. Cada vez que me roza tu cuerpo siento la fuerza de un Sendero Luminoso. Por eso no puedo escapar de tu selva mozambiqueña sin un Frelimo. Por eso quiero invadir tus labios a fuerza de Vietcong. Por ti seré un Che, un Fanon, un Torres buscando liberarte de tu prisión.


No es poesía lo que estamos haciendo, es ruido de sables.
Somos la revolución compañeros.
Cambiaremos la J por una H profunda, pero igualmente muda.
Patearemos con nuestros pies enzapatados los testículos del burgués moral.
Oiremos crujir el cerebro del millonario
y nos reiremos a carcajadas.
Somos la fuerza revolucionaria de la nada misma.
Y dígame usted (si se atreve) ¿Qué, en este mundo, puede ser más revolucionario que la nada?
Por eso tome a esa mujer lasciva;
por eso quítele la ropa;
por eso viólela.
Por eso no le diga palabras de amor que en verdad no siente.
La revolución se llamará sinceridad.
Diga: yo expelí esa flatulencia.
Diga: yo me comí la última lata de atún.
Diga: yo robé el ron que tenías guardado.
Diga sin miramientos y sin piedad: No te amo, de ti quiero sexo y nada más.

Somos la revolución compañeros, somos la verdad.
¡Revolucionarios del mundo, escuchad, sed libres!

lunes, noviembre 29, 2010

Trigesimocuarto Cómputo

Para creer necesitas voluntad. No la encontrarás en una estrella perdida en los desiertos del Sinaí. No la encontrarás en el pálido mármol del Helesponto. No la encontrarás en la fotónica alegría solar. No la encontrarás en papiros, sutras o máximas. La encontrarás cuando dejes de pensar libremente, y aceptes mi palabra divina.


Pido silencio.
Pido que acates sin chistar, que te muerdas la lengua, que te enredes los sesos.
Pido que dejes de razonar cuando me mires a los ojos.
Pido pleitesía.
Pido que no tomes mi nombre en vano. Si no como arma de producción.
Pido autoflagelación constante.
Pido celibato, pero no para mis apóstoles y sacerdotes.
Pido respeto y obediencia, pero no por parte de mis devotos.
Pido vida, pido amor.
Pido perdón a violadores y asesinos cuando son de los míos.
Pido, sobre todo, que mis valores sean una obligación para quien no tiene derecho a elegir.
Pido que mi nombre esté escrito en todo aquello que hagas.
Si quieres pedirme algo, hazlo, no dudes.
Si eres elegido, serás bienaventurado. Si no es así, sé feliz, porque es mi voluntad.
Pido silencio. La justicia me pertenece.
Pido comprensión.
No soy conservador, pero aborrezco tu comunismo.
No soy homofóbico, pero castigaré tu homosexualidad.
No soy clasista, sexista o racista; pero permito discriminar a voluntad.
Por último pido perdón.
Es tarea difícil entender mi perfección infinita.
Yo soy tu creador,
pero si no aceptas mi palabra, no tendré miedo de quitarte la vida.

jueves, noviembre 25, 2010

Trigesimotercer Cómputo

“El Bajo” es como comúnmente se conoce al prostíbulo más tradicional de Curicó. Es una casa vieja, patronal, que cada ciertos años irrumpe nuevamente en la ciudad con una pintura nueva. Es como el maquillaje; con los años pasa a ser algo más que un elemento decorativo, pasa a ser parte de su propia esencia, de su propia identidad. Recuerdo haber caminado alguna vez fuera de su puerta, o pasar por la calle en automóvil. Recuerdo haber visto a las personas observando la casa vieja como tratando de ignorarla, tal vez queriendo que el olvido la hiciese desaparecer, y con ella la vergüenza. Recuerdo las historias contadas, y recuerdo como mi imaginación logró hacer cautivante al lugar. Lugar, imaginaba yo, de mujeres comunes y corrientes, pero poderosas, de ropas brillantes y de ojos con tanta experiencia como la de sus entrepiernas. Recuerdo haber pensado en ese lugar como un escondite donde los hombres lloran sus penas en la falda de una mujer que es a la vez madre y amante. Recuerdo haber imaginado las fiestas, las canciones (boleros cebolleros eran), las luces y los hombres ebrios juntando monedas para comprar el cariño, los besos y las caricias. Puedo creer que soy un hijo de ese lugar, porque ahí está mi pueblo, ahí estuvieron tíos, abuelos y amigos simplemente cantando y bebiendo con la conversación de una mujer de labios ensangrentados de sensualidad. No sé si el lugar sigue ahí, o si la tierra derrumbó el edificio. Sólo quería contar esta historia, por el simple miedo de llegar a perderla.

domingo, octubre 10, 2010

Trigesimosegundo Cómputo

Para ella y para todas. Esto no es un piropo.


"El viejo cae"

El viejo hombre tropieza y cae.
Con él cae el mundo y la humanidad muerde el polvo.
Se ha roto la nariz, las rodillas y la botella de vino al caer.
Levanta su mirada esperando una mano solidaria que le ayude a levantarse.
Pero el viejo hombre no está triste.
Desde el suelo admira las piernas y entrepiernas de las mujeres al pasar.

sábado, septiembre 04, 2010

Trigesimoprimer Cómputo

Así es el cuento. Tú te sientas allá, sonríes, pasas tu mano por tu cabeza, enredando tus dedos en tu pelo, mirándome como si fuera una tentadora oferta en una multitienda. Yo me apoyo en la pared, sonrío, te dedico una de esas sonrisas de labio torcido que te gustan no sé por qué, mirándote como el suave y jugoso pedazo de carne que eres y te gusta ser. No hay desenlace, sólo tu cama, sexo, una broma, dormir y mañana nos toca nuevamente salir a la calle y jugar a que entre nosotros existe el amor.


Sentado en mi pequeño sillón de juguete.
Cabizbajo.
Nada se apiada de mí.
Soy un asesino, maté a dios en mi cocina.
Lo negué.
Fui enjuiciado.
Me declararon libre de pensamiento, palabra,
obra y omisión.
Escupí su nombre y ellos me aplaudieron.
Saludé su muerte y me entregaron una condecoración.
Oriné en su tumba y crearon una canción en mi honor.

Entonces entendí que era inocente, y lo grité.
Y fui odiado,
maldecido, mi nombre se convirtió en sinónimo de vergüenza.
Me ataron, me arrastraron, me torturaron.
Me enseñaron la palabra amor y de ella no pude escapar.
Y entonces fue ella, no era su ropa, no era su sonrisa,
no era su pelo ni su caminar ni su ojos.
Era el movimiento de sus pechos al saltar,
era la suavidad de su entrepierna cuando se abría frente a mí.
Era ese grito frenético cuando el sexo dejaba de ser sexo
y se convertía en violencia.
En rasguños en mi espalda.
En floreros rotos.
En alfombras manchadas.
En gritos al atardecer.

Ella se bebió mi sangre y la escupió en mi cara.
Ella manchó mi pequeño sillón de juguete.
Me tildó de asesino. Que maté su deseo sexual,
que maté su confianza en el amor.
Pero ella sólo era una prostituta más. Me entregó su cuerpo
y yo hice con él mil obscenidades.
Por eso la amo, por puta, por no tener sentimientos.
Es cosa de sinceridad.
Cosa de sentido común.
Yo no soy su príncipe azul.
Ella es sólo una vagina y un par de tetas para mí.

sábado, julio 10, 2010

Trigésimo Cómputo

Esbozo de una novela que nunca será escrita.


"Un día en la vida de Domingo Mayo" (fragmento)

Es día lunes. Son las 12:07 a.m. Domingo se ha levantado de su cama con un fuerte dolor de cabeza. Su espalda está húmeda, pegajosa, ha humedecido también las sábanas. Nuevamente ha estado sudando; es un problema que tiene desde su nacimiento. Es una cosa extraña, particularmente extraña, como si sus glándulas sudoríparas presintieran antes que todos que el día venidero no será un día normal. Sucedió de esa forma cuando tenía sólo tres días de vida. Luego de que su madre despertará al escuchar su llanto se encontró con la colcha húmeda. Pensó que se había orinado, pero no, esa humedad no tenía el olor penetrante de la orina, era sudor, sin duda alguna. Tres horas después dos hermanos de su padre iban camino a San Fernando en su vieja camioneta Ford. Nunca supieron que los chocó el bus de un conductor ebrio. José murió en el acto y Tomás perdió ambas piernas. Todavía sigue internado en un sanatorio. Nunca más habló ni dio señales de escuchar a los demás. El conductor ebrio se convirtió en una celebridad. No volvió a conducir buses. Hoy es el alcalde de la ciudad.

miércoles, marzo 17, 2010

Vigesimonoveno Cómputo

A Carlos, Mireya, Eliana, Claudia, Lorena, Pablo. A Julio y Mariana. En el cielo, con diamantes.


"La Ciudad"

Quise buscarme, y tratando de encontrarme di conmigo en un país extraño,
donde las personas pronuncian bien las “s”
y tienen la mala costumbre de sonreirte en la calle.

Pero cuando quise volver era otro mi mundo y mi ciudad era otra.
Mi familia también era otra.
Mi padre ya no era mi padre.
Mi madre ya no era mi madre.
Mis hermanas ya no eran mis hermanas.
Ahora donde veía encontraba el rostro seco y melancólico de la verdad
y el sufrimiento.
Ahora Juan era mi padre.
Ahora Camila era mi madre.
Y mis hermanos tenían otros nombres,
que el viento escribía en el aire y escupía en el mar.
Y apareció gente nueva.
Y aparecieron los que estaban desaparecidos,
trayendo dulzura desde donde sólo nacen lágrimas.

Mi ciudad era otra. Su reina ya no está, se ha ido.
Pero volverá, dicen mis hermanos.
La ciudad volverá a ser construida, dijeron los calculistas.
La ciudad saldrá adelante con unión, dijeron los políticos.
La ciudad renacerá como un ave fénix, dijeron los poetas.
Sólo hacen falta las herramientas, dijeron los arquitectos.
Sólo hace falta la fe, dijeron los místicos.
Sólo hace falta amor, dijeron los transeúntes.

Pero la ciudad no volverá a ser la misma.
Los edificios antes recorridos tendrán otro nombre,
y serán otros los que los recorran.
Todo tendrá un sabor distinto.
Y aquello que alguna vez conocí como hogar
ahora me recibirá con indiferencia y en mí sólo hallará melancolía.