jueves, julio 23, 2009

Vigesimosexto Cómputo

La enfermedad es incurable. Un síntoma es la estupidez y el uso de palabras que comunmente nadie usa. Un síntoma es la claridad para ver las cosas de manera poco clara. Un efecto es el silencio que provoca. Un efecto es la risa puntiaguda de quien no entiende. Muy de vez en cuando suelen quedar huellas en tu piel, como la marca roja de la pasión de unos labios rojos. La enfermedad es incurable. Algunos la llaman poesía.


"A veces soy muy complicado..."

Busco lo que la poesía no puede darme,
lo que me entregan los cielos montañosos de mi estratosférica realidad,
busco el silencio,
busco el amor en el silencio,
busco un beso en el amor en el silencio,
busco la vida en un beso en el amor en el silencio. ¿Me entregarás ese beso?
¿Serás tú quien me muerda los labios, quien me apriete los sesos?

Busco lo que la poesía no puede darme, lo que encuentro,
sin embargo,
en cada palabra, todo aquello
que abunda en mi cuerpo cuando estoy tan cerca de ti,
cuando tu cuerpo hace contacto con el mío,
busco poesía que no se encuentra en la poesía.

Busco lo que la poesía no puede darme,
busco lo infinito, lo primordial, lo necesario para seguir viviendo y
¿qué es la vida si no lo tengo?,
busco lo acuoso, lo inmoral, la realidad maleable de ahogarme en tu cuerpo,
busco simplemente tu cuerpo.
¿Qué buscas tú?
¿Cuál es tu deseo?
¿Felicidad, amor, sexo, muerte? ¿Sólo muerte?
Sólo un poema yo puedo darte, sólo un beso y nada más.

Busco lo que la poesía no puede darme
y es que vivo,
estoy hecho de poesía y nada hay en mi cuerpo
que no contenga un verso de Lihn o Vallejo.
Discúlpame, sé que a veces soy muy complicado.
Es que me pongo muy Whitman para mis cosas.

jueves, julio 02, 2009

Vigesimoquinto Cómputo

En el proceso de recolección de una rosa es necesario tomar en cuenta la siguientes recomendaciones. Si sientes que no la merece, aún así consíguela. No la elijas pensando en ella, tus verdaderos pensamientos pueden quedar al descubierto. Ve directo hacia ella, sin distracciones que impliquen alcohol, droga o senos más grandes. No sonrías, esa cara de idiota mata cualquier sentimiento pasional. Sólo entrégala y ya. Si las ropas empiezan a caer, eso es parte de otro proceso.


No lo hagas sublime, hazlo carnal,
todo cuerpo, todo lujuria, quiero morder tu pierna
mientras tú besas la mía. Que no haya mariposas arcoiris
rondando tu piel, que no haya rayos de luz
acariciando tu cuerpo;
tu piel es sólo mía,
tu cuerpo me pertenece.

No lo hagas sentimental, lírico o semántico,
prosaico o vernáculo,
hazlo todo corporal, animal, que el sudor de tu cuerpo
sea el único verso que nos mantenga unidos.
No quiero amapolas, no quiero sentimientos de soledad
si tú no estás, no quiero
noches frías mirando la luna y deseando sentir tu cabeza en mi hombro.
Quiero tu cuerpo desnudo frente al mío,
dejándome ver cada centímetro de tu piel
que no esté siendo aprisionado por mis manos o mis labios.

No lo hagas sublime, hazlo erótico, sexual,
que la palabra amor no se pronuncie, que se haga materia,
que se haga baile horizontal. Hoy tus senos
serán la copa donde beberé la vida,
hoy tu entrepierna será el sitio donde descansarán mi alma y mi piel,
hoy sólo quiero de ti gemidos y orgasmos y nada más.

Quítate la ropa y entrégate.
Hoy no necesito poesía, mi única poesía serás tú.

viernes, mayo 29, 2009

Vigesimocuarto Cómputo

Hay tanta, tanta alegría. Y Carlos no lo sabía. Hay tantas y tan grandiosas oportunidades. Y Carlos no lo entendía. Hay tantas formas de amar. Y Carlos ni siquiera escuchaba. Hay tantas personas para amar. Y Carlos cerraba la puerta tras de sí.


"Santiago"

La ciudad tiene esos momentos, yo río
y sólo me dejo llevar por la brisa que besa mis ojos,
levanto el rostro, enciendo
el pito que guardan mis dedos, y me sumerjo
en una eterna sensación de vida.
Caerán ranas, las cloacas gritarán un poema envejecido de Baudelaire,
los transeúntes dejarán su huella
esparcida en el asfalto, y el ruido
no morirá en mis oídos.
Pasarán una tras otra mujeres que olvidando penas y sinsabores,
le regalarán una sonrisa a la noche,
a la luna,
bella,
hermosa luna,
aunque no sé, tal vez peco de ingenuidad
y esas sonrisas tienen dueño.
Volarán pieles frente a mis ojos, me besará el rocío,
tendrán mis manos y dedos
un rincón de piel donde guarnecerse
mientras mi boca se aplasta contra otra boca que apenas alcanza a decir te quiero.
Volveré a mi cama,
cuando mis ojos ya estén rojos y yo ya ni siquiera sepa
si es por el pito, el llanto
o el sueño, y poco me importará,
y es que ella no estará ahí
para darme una respuesta. Tampoco a la soledad.
Disculpadme.
Es que llueve, y yo me estoy poniendo melancólico.

domingo, mayo 03, 2009

Vigesimotercer Cómputo

Las luces bajan. Hay una rubia impresionante junto a la ventana. Habla con tres tipos a la vez. En realidad sólo los escucha y mueve su cabeza como si estuviera prestándoles atención. La miro cerca de dos minutos esperando que ella me regale una mirada. Ella me mira y sonríe. Los tres tipos se retiran derrotados y se dirigen hacia un grupo de tres señoritas que bailan una cumbia como si en eso se les fuera la vida. Ella se para y se dirige hacia mí. Pienso, esta es mi oportunidad. Se sienta a mi lado. Me habla de cosas banales y yo apenas logro sostener la mirada. Lleva su mano sigilosamente tras mi espalda. Me doy cuenta y la miro con sorpresa. Ella, vencida, finalmente me dice: disculpa, estás sentado sobre mi chaqueta.

domingo, abril 19, 2009

Vigesimosegundo Cómputo

Basta ver el cielo para saber que ya no es ayer. Basta ver la luna y contemplarla tan sólo cinco minutos para entender que todo aquello que fue ha muerto. Un solo mensaje y ella ya no está, se ha esfumado. Y esta vez es distinto. Esta vez yo también huyo. Pero hacia el otro lado.


Si supieras, si conocieras el placer de la vida,
tal vez no estarías aquí entrelazando tus dedos, mi pelo, tu corazón
y mi alma.
Tal vez no dejarías que ese suspiro
(sí, precisamente ese)
se colara entre cada frase que sale de tus labios
hacia mis oídos, de una forma tan etérea que se asemeja la vida,
se me asemeja la lluvia desnudando tu cuerpo.
Si conocieras, si supieras lo que es gozar de la vida,
tal vez no estarías aquí de una forma tan desnuda que casi no puedo verte,
tan ardiente que casi no puedo tocarte,
tan presente que no puedo, no quiero soltarte.
Si supieras, si conocieras el placer de la vida, tal vez no sería yo
el que estuviera aquí a tu lado, tal vez estaría dios,
o quizás el mundo completo cabría en tu pieza tan sólo para admirarte,
contemplarte cada vez que tus labios y tu piel
se entregan desnudos a la vida.

Si supieras, si entendieras el placer de la vida,
quizás tú y yo nunca nos hubiéramos conocido
y yo no tendría que escribir estos versos.

lunes, febrero 16, 2009

Vigesimoprimer Cómputo

Me gusta ver los canes caminar por las calles recorriendo descalzos un mundo que los detesta y les busca a cada minuto la dudosa dignidad de la muerte. Me gusta ver a las personas mientras comentan la comida de su restaurante favorito en un infinito festín de elocuencia, gula y malvivir. Pero me gusta sobretodo ver los espejos, los crueles espejos, despiadados archimagos que se jactan de mostrarme una realidad que no quiero ver. También me gusta romper espejos.


"Autorretrato"

Soy el anciano que corre sin ventaja la línea de la vida,
escapando del ojo opresor de una muerte
que cuando vea mi rostro sabrá corroer mi piel, arrancármela a pedazos,
mientras los tibios gusanos se apiadan de mí.

Soy el marinero errante que perdió el mar
y se arrastra en la tierra buscando ballenas blancas
y el suave perfume de las sirenas en las calles
y los prostíbulos.

Soy el ecuador, el punto medio de la vida.

Soy la mujer exuberante
e incapaz de contener en el pecho la vida,
o el amor,
o los hijos,
o la estúpida mirada perdida
de aquellas personas que filosofan a la luz de la luna.

Soy el claro expediente del silencio.
Fui asesinado.
Fui violado.
Tomaron mi páncreas y se lo llevaron a Johannesburgo.
Tomaron mi hígado y lo arrastraron por un hospital para enfermos psiquiátricos.
Fui golpeado.
Tomaron mi dignidad y la usaron para limpiarse el poto.

Soy el poeta, el amante de la palabra,
que camina por la ciudad escapando del ojo opresor de la muerte.
Y es que busco incansablemente una copa de vino
que alegre esto que atrevo a llamar vida.
Es que busco el amor en cada copa. Yo sé que algún día los labios
de esa que será mía, dejarán su huella en el mismo vaso
en el cual deposite la historia de mi vida.

Soy el anciano que corre sin ventaja.
Que cae y muere.
Y en cuya lápida no son necesarias las palabras ni las lágrimas.

lunes, febrero 02, 2009

Vigésimo Cómputo

Trátala con cariño, bésala tiernamente, dile cosas al oído que sean para ella más que simples palabras, hazla desearte hasta el más bajo de los instintos, y entonces tómala y dile que la amas, y cuando ella te corresponda tan sólo abre los ojos... y despierta.


Ella no será tuya.
Puedes mirarla, fijar tus ojos en ella de todas las formas posibles,
seguirla, acompañarla hasta en los momentos más difíciles,
tocarla, sentarte a su lado,
abrazarla, apretar su pecho contra el tuyo,
dejar que llore en tu hombro, besarla en la frente,
besar su pelo,
besarla en la mejilla,
en el cuello,
pero todo cuanto hagas no será suficiente.

Podrás verla contonearse mientras
de forma descarada te insinúa su escote,
para que estés absorto en ella, para su propia complacencia.
Podrás tomarla de la mano,
y caminar juntos para que todos observen que estás con ella,
pero ella es Pedro,
te negará tres veces antes que cante el gallo,
y créeme,
el gallo canta muchas veces los días de verano.

Podrás atrapar sus labios,
corregir su piel dándole la forma que desees
con el simple pulso de tus dedos.
Podrás tenerla entre tus brazos, hablarle al oído,
hacerle el amor
como si la palabra orgasmo estuviera escrita
en cada poro de su cuerpo. Tener su piel como arcilla maleable
para cada deseo tuyo;
pero eso no será suficiente,
ella no será tuya.

El amor, lo sabes, lo intuyes, como la vida, es así de definitivo.

domingo, diciembre 14, 2008

Decimonoveno Cómputo

No quisiera yo hablar de cosas sin sentido, o tal vez morderme la lengua, sin explicar sinceramente qué es lo que hago en este mundo. Por eso digo, con la más humilde indiferencia, que yo estoy aquí para sembrar en tus ojos, en tu pelo, en tu boca, toda mi piel, toda mi agonía, y transformarla en miel, manjares, belleza. Pero no lo haré... no ha llegado el día que te lo merezcas.


A cuenta de un poema no haré hablar perdigueros,
no, no lo haré.
A cuenta de un poema no será la luna más blanca,
tu voz más suave, la vida
más placentera,
o tendrán los hijos del hombre un lugar
donde habitar la palabra.
A cuenta de un poema no serás más bella,
más lejana o cercana, o quiera
Buda o no,
la hija del demonio infeliz que bajó del cielo
para destruir la tierra.
Pero quisiera yo lograr una sola cosa infinita,
un espejo de agua, un cuento,
nocturno,
taciturno, envalentonado de sexo y malas palabras,
y lanzarlo al aire, a quien le caiga;
no es necesario mirar al cielo para que se derrita en mi cara.
Pero quisiera yo contarte una cosa,
pequeña,
sutil,
sarracena, y es que el infierno no existe,
no,
no creas en ello,
cada vez que me mires o veas
mi cuerpo quemándose
en el tercer círculo del averno no
sientas pena, no llores, no reces
(cosa fatal);
porque permíteme decirte, amor,
amiga,
el infierno no era infierno, no,
se hizo infierno
cuando entraste a mi vida.

sábado, noviembre 15, 2008

Decimoctavo Cómputo

No hay introducción posible para las palabras de una persona que ama. Y todo aquello que recibe por respuesta.


Él piensa. Mientras se come las uñas, y rasga las paredes con desesperación sólo puede ver los ojos de ella seguirlo lentamente, al extremo de parecer estáticos, inertes, como perdiéndose entre plegarias que suben y bajan al cielo a la velocidad de un pestañear. Ella no habla.

Él habla. La toma de la mano, acaricia su piel, recorre con sus labios cada trazo desde su hombro hasta su cuello, siente a plena conciencia que ella tiembla, tiene miedo, frío,
cansancio, está enferma, no lo sabe. Desespera. Sólo trata de inspirarle algo de ternura,
sólo busca romper el hielo, conquistar hasta el último centímetro de su corazón recitando los veintisiete poemas que memorizó para ella. Sólo para ella. Y ella no habla.

Él grita. No sabe qué hacer, llora sin consuelo, rompiendo todo a su paso, tratando de hacerle ver que sólo vive para ella. Que la ama. La ama y eso es lo único que sabe. ¿Qué es lo que ella no entiende? ¿No lo puede ver? ¿Acaso no tiene corazón? ¿Es que su sufrimiento no es importante? Ella no habla.

Él calla. Oye pasos. Mientras dos hombres interceptan la mano que sostiene el revolver, un tercero lo toma por la espalda, lo inmoviliza, y cuando trata de zafar, el extraño, casi sin consideración alguna, le pone una camisa de fuerza y le inyecta un sedante. Y entre los tres hombres se lo llevan a la ambulancia con destino a la perdición, cada vez más lejos de ella.
Él hace un último esfuerzo por ver su rostro. ¿Qué hace?

Ella no habla. En sus labios sólo descansa una lágrima.

jueves, junio 12, 2008

Decimoséptimo Cómputo

La metodología de la palabra es simple; tomas una situación, la dejas que circule libre frente a tu nariz; tomas un sentimiento, lo asocias a la pérdida del todo; tomas la lengua, dejas que se manifieste libre de la influencia maligna del amor; la tomas a ella, la amas hasta que te arranque el corazón sin piedad; juntas todo en una fría tarde de invierno y ¡voilà!... sólo abre los ojos y verás.


"19 pasos de transformación premeditada"

Vivo la revolución en tu cuerpo, pues a través de tu piel yo soy el mago de capa gris
que adormece la palabra y la transforma en sentimiento.
Aliméntate de mí y sigue mis pasos.
1. Muérdete la lengua cada vez que el silencio se apropie de tus pies.
2. Clava una bandera incolora y semipodrida en la altura de tu sien.
3. Recuerda aquello que nunca debiste olvidar.
4. Duerme en la falda de la palabra centenaria y delictiva que te acosa.
5. No lo niegues, yo sé que te acosa.
6. Déjate amar por la pálida existencia de la juventud y la vejez.
7. Muere de revolución y no de olvido.
8. Olvídala.
9. Por más que la ames, olvídala.
10. Si no puedes olvidarla te condenarás a ti mismo al sentimiento de la no-existencia.
11. No existas, la no-existencia es más fuerte y placentera.
11.1. (Las contradicciones son parte de la vida)
12. No mates, a menos que sea en el sueño.
13. No mates, a menos que tu arma sea la lengua y la cicatriz que ésta deje sea la palabra y pueda llamársele vida o poesía.
14. No mates; la muerte, muy a mi pesar y al tuyo es aún más definitiva que la esquizofrenia y la paranoia, o incluso (y esto es un secreto) que el sentimiento llamado amor.
15. Vuela hacia mí, no temas.
16. Yo hallaré el salvoconducto a la inmortalidad y te lo haré saber a punta de espada e indiferencia.
17. No me llames. No me nombres.
18. Olvida mi palabra. Olvida que nací en tus ojos y morí en tu lengua.
19. Tal vez algún día alguien te mire de una forma distinta,
- te saque la lengua,
- se quede pensando
- y te llame, como a mí, de una forma que jamás imaginaste:
- ...poeta.

lunes, mayo 26, 2008

Decimosexto Cómputo

Dos viejos poemas siempre parecen jóvenes cuando son leídos por primera vez, y si quizás nadie los lee, podríamos llamarlos simplemente versos nonatos. Nunca paridos por el ojo, nunca muertos por el viento.


"La irreflexible caída de las hojas"

Reflexiones en el sentido a cinco segundos por metro.
Un llanto.
Tres energúmenos gritando rancheras a las seis de la mañana.
Las botellas vacías bajo la cama.
Caras que nadie ve.
Ruidos que nadie oye.
Sensaciones que caen de tu pelo como sensaciones cayendo de tu pelo.
Hora y media hasta la puerta de tu casa.
Dos álamos, quince boldos y cuatro palmeras en un viaje.
Palabras aún no dichas
ni por la boca del pez ni por la mía.
Silencios.
Fríos del antártico en primavera.
Diez versos recitados con una voz rasposa
Y la irreflexible caída de las hojas.


"Paráfrasis a una canción escuchada un viernes por la tarde"

Te hablaría de todas y cada una de las palabras
y los versos que he abandonado en tu boca,
pero estaría mintiendo,
y me duele la verdad, me duele lo real
y ese sentimiento vagabundo que provocas en mí
y en cada una de mis pestañas
y es que trato de decírtelo
sin palabras, y es que me duele la palabra,
sin miradas, sin los tres abrazos furtivos que nos dimos aquella vez bajo la lluvia,
¿te acuerdas?, mientras me besabas y yo sin poder emitir sonido
por estar atrapado entre tu boca
y sí, fue esa noche, esas gotas se robaron mi lengua,
lo sabes, mis palabras de ahora no te hablan,
son sólo adornos en mi boca para que en verdad me creas que te amo,
mi amor te lo dicen mis miradas,
aguanta la respiración, sostén mis ojos y bésalos,
bésame la palabra,
y si muero sabré que me amas.

miércoles, mayo 07, 2008

Decimoquinto Cómputo

Para Javiera...


Si vas a llorar no quiero verte,

preferiría verte el cuerpo roto,
preferiría el mundo antes del mundo si no te viese sonreír.
Hazme ese favor, mátame el sueño,
aniquílame la vida con una sola sonrisa. Que sea todo negro.
Que cuando tú vivas yo muera.
Así, de cruel placer,

si yo muero en paz
dale tres vueltas a la vida,
déjame empaparte en silencios, en oscuros
pensamientos de felicidad eterna,
para que nunca mueras,
para que te hagas eterna en mí.
Para seguir abrazándonos. Quizás por siempre.
Tal vez nunca.
Y si despiertas, por favor te lo pido,
no toques mis labios, que me acosa el silencio,
no abras mis ojos,
acarícialos,
muérdelos,
simplemente llénalos de indiferencia;
que yo de ojos cerrados pondré la más sutil de las sonrisas
en tus labios.
Para que seas mía. Para que sea tuyo.
Este pequeño cuento. Esta caricia.
Y el corazón moribundo, la palabra perdida, la copa cayendo,
y quizás, soledad mediante,
la eternidad fundiéndose en un último beso.

jueves, abril 10, 2008

Decimocuarto Cómputo

A veces la revolución también nace de una copa de vino...


Protéstales el pie, venganza atroz de la existencia humana,
lánzales el cuerpo,
tu actitud de dios patriota no los intimida,
pequeño joven combatiente.
Déjame tus revoluciones a precio de moco,
yo las sembraré con fuerza de espada, con el fulgor y veneno de mi lengua, no piedra,
de fuerza paciente y sincera.
Tú dices revolución, yo digo masacre, dolor, resignación, muerte.
Tú dices igualdad, demuéstrame qué sabes tú de ella;
dime si crees conocerla.
Dime si dormiste alguna vez en su cama como durmieron tantos antes.
Dime si en verdad existió o murió como la existencia o la vida.
Tú dices libertad. Tú comes, vomitas y cagas libertad.
Mi libertad se llama cogollo,
se llama poema, se llama Macondo,
se llama cuerpo de mujer, palabra al desnudo.
No vengas a decirme a mí lo que necesito
que yo para morir, renacer y encarnar sólo necesito la palabra enmohecida del mundo,
la fuerza indómita de la lengua.
Hablas de la octava enmienda
de la revolución frentista de las provincias comunales
del norte de un lejano país
situado en la nada.
¿Y qué hicieron con la poesía, dónde la dejaron,
la mataron acaso, la sepultaron, fue exiliada del hombre.?
Joven combatiente, yo soy revolucionario a mi modo;
tú mueres por una utopía que no conoces
y que el mundo te negará por delincuencia propia;
a ti te llaman joven delincuente,
a mí simplemente me dicen poeta;
tú mueres de libertad,
deja que muera yo de poesía.

lunes, febrero 04, 2008

Decimotercer Cómputo

Era dios o buda, era el hombre, y habló su único profeta: Tú sabes que sería falso, tú sabes que sería un mentiroso, si yo fuera decirte, nena, no podríamos llegar más alto; vamos nena, enciende mi fuego, vamos nena, enciende mi fuego, trata de prenderle fuego a la noche... Y luego fue el silencio, la risa de dios o buda, la muerte de Jim Morrison, el profeta. Y dios o buda dijo: Come on baby, light my fire.


"Enciende mi fuego"

Enciéndeme el fuego, el aire, la tierra,
el hospital, la madre, el padre,
los hermanos, los abuelos, los demás parientes,
la concepción, el casi-aborto, los siete meses y medio,
la cesárea, el parto, la transfución de sangre, la vida,
las operaciones, el primer llanto, la primera sonrisa,
el primer abrazo, el cuerpo acostado,
los primeros pasos, la primera palabra, el primer vómito,
las enfermedades, los besos en la mejilla,
los abrazos, los golpes de puño, los goles del destino, la sien maltrecha,
los pensamientos,
los sentimientos, los juegos, la diversión, el otro llanto,
el crecimiento, el colegio, los compañeros,
los amigos, los profesores,
la pubertad, el silencio, el odio, las reflexiones sobre el suicidio,
el primer amor, el primer beso, el primer sexo,
(así, en orden de pálida importancia),
el segundo beso, el segundo sexo,
el tercer sexo,
el cuarto sexo,
el quinto,
el etcétera que simplifica veinte y casi un años de existencia,
los años, los cumpleaños,
la graduación, las pruebas,
materiales, deportivas y de vida,
los rechazos, los rechazos, los rechazos,
los rechazos y el dolor, los rechazos y la vergüenza,
los rechazos y el odio, los rechazos y la amargura de vivir,
los rechazos simplemente, la universidad,
los otros amigos, los otros compañeros, los otros profesores,
la misma vida, el mismo puerco silencio,
todo el llanto,
y luego dame las cenizas, con ellas mátame el cuerpo
y la existencia,
que me ahogue en ellas,
y lánzame al mar y al viento,
a la luz
y rézame en los setenta idiomas del hombre,
a los infinitos dioses del mundo,
que quiero darle una última mirada a la vida, y el primer beso a la muerte.

martes, diciembre 11, 2007

Decimosegundo Cómputo

El ritual de la muerte es un evento de nunca acabar. El ritual es el único que sobrevive el paso del tiempo y los milenios, acribillando con ligeras inmortalidades el seno de la vida, mientras se camina por el valle superior, se puede encontrar el delgado hilo de la muerte, y si se rompe, ¡ay!, cómo temblará la mano si se encuentra la flácida palabra, la fría descripción del infierno.


"Polillas del mal"

Son como pequeñas palomas al alcance de la mano sangrienta del hombre.
Palomas suicidas.
Palomas de la muerte.
Discriminadas por sus parientes de color. Ellas dicen.
El color no significa piedad.
El color no significa superioridad intelectual.
El tiempo de salida no implica alguna clase de psicopatía morbosa
o tendencia al insecticidio global.
No. Ellas caen en el juego.
No hay miedo al hombre.
No hay miedo a la mano-guillotina que las busca sin cesar.
No hay miedo a la soledad.
No hay miedo a la luz que nace de la oscuridad.
No hay miedo a la muerte.
No hay miedo.
No hay.
Tan sólo el delgado sabor de la danza, cuando ves la luz,
y ya no puedes escapar.
La luz del mal.
La luz que sin piedad te llevará por el camino incorregible de la muerte.
Cuántas veces tendrás que morir para entender que no hay escapatoria.
La muerte está ahí, con todas las curvas posibles de la sensualidad;
espera. Te atrae.
Con cada brillo que atraviesa tus mil ojos
te va extinguiendo la vida.
Te va succionando los recuerdos. Y tú sólo atinas a bailar.
Estúpida y simple paloma.
Paloma del mal.
La oscuridad de tu muerte será el delirio de tu raza.
Muere paloma,
incinera tu ya cremada dignidad,
paloma muere.
Y sigue bailando la melodía que subyace en el suicidio de las polillas y el mal.

miércoles, octubre 24, 2007

Decimoprimer Cómputo

Todas las voces de la muerte; un solo mensaje. Pom-Bum-Clap-Snap-Toc-Bleep-Rock, los sonidos se van haciendo latentes al compás de las insignificantes vidas de quienes no saben lo que realmente significa la vida. Y si laten los corazones, y si late el corazón de la muerte, ¿cuál será el sonido?, ¿cuáles serán las palabras, los gemidos?. Cuál será mi nombre una vez que la muerte haya llegado para ponerme el alma de rodillas y dejar caer la guillotina y su sórdida sentencia.


"Rien, l'amour et le silence"

Hoy no me toca muerte, padre, no me toca muerte,
eso de creer, eso de esperar, eso de soñar,
no es para mí, yo sólo veo la nada,
la siento,
puedo tocarla,
puedo gatillar mi dedo índice entre sus curvas y besarla,
decirle al oído nada,
yo sé que no me responderá nada;
camina tranquilo hacia la nada, ¿ves?, no hay nada;

hoy no me toca muerte, hermano, no me toca muerte,
sí canciones, sí diluvios, sí conversaciones
que expanden mis sentidos hacia una vida por la que estoy dispuesto a morir,
sabiamente, como diría el abuelo,
pulcramente, como diría el vecino,
artificialmente, como diría el hombre aquel que protesta
lanzando su vida a las calles
donde llueven las piedras y las balas;

hoy no me toca muerte, silencio, no me toca muerte,
no me toca,
no me toca, sí me toca,
no me toca,
me toca vida, me tocan los puercos,
me tocan los días de melancolía eterna,
esos días, esos días me tocan,
como las huestes
y los carnavales bipolares que desfilan por mis sueños,
esos sí me tocan,
no me tocan, no me tocan,
pero me toca vivir,
realmente me toca,
siempre llego antes, loca manía mía;

hoy no me toca muerte, poeta, no me toca,
hoy no necesito tus versos,
no necesito comprarme tus libros y creerme un intelectual con cerebro,
sé que no tengo cerebro,
sé que esto es un sueño,
sé que despertaré algún día,
convertido en mazapán o una vasija de arcilla,
tal vez en libélula,
pero no me creo el cuento, no creo tener tanta suerte,
hoy no me tocan más que palabras que salen de mi boca en dirección a sus besos;

hoy no me toca muerte, mis dioses, no me toca muerte,
por eso les rezo,
a ti, ebrio dormido en las plazas centrales de mi país los domingos por la mañana,
a ti, enfermo terminal que sólo vives para recordar aquello que no viviste,
a ti, fantasma,
a ti, actor aficionado a leer ensayos de psicosociología,
a ti, cuadrúpedo mental que no evolucionas porque tienes algo llamado razón,
a ti, último de mis amores, razón de la nada,
razón de la muerte,
razón del olvido,
te pudriste en tu cabellera maldita y no dejaste escapar la luz,
te comiste mis disculpas, vomitaste mi odio,
ahora quiero verte arrodillada frente a mí
diciéndome que hoy te tocará la muerte, si yo no lo permito,
si yo todavía te amo,
incrédula,
te amo,
hoy te toca muerte.

jueves, julio 12, 2007

Décimo Cómputo

Sentir que el hogar se acerca a cada paso que te alejas de él es signo cierto de tu propia necesidad de sentir que no es imprescindible estar en tu tierra para mantenerte con vida. Sólo unos pocos saben que esto es una mentira descarada; ahí estarán siempre los amigos, estará siempre tu casa, estará siempre la casa de tus abuelos, estará ese parque donde siempre jugabas cuando no tenías más de dos años, estará ese edificio horrible que evitabas siempre al irte a tu casa, estará todo, todo lo que siempre ha estado y siempre estará. Nunca creí en tan sencillas palabras pero ahora las atesoro como si fueran mías. No hay lugar como el hogar.


En Maseru encontré la casa de mis abuelos,
aquella que nunca habitaron, aquella que nunca
compraron, aquella que nunca vieron, pero que les pertenecía
por designio divino.
Créeme que lo sé. En Bloemfontein encontré unas no-flores
que no-olían a no-primavera,
sino que al vómito tentativo de la indiferencia.
No vi tus pechos ni tus ojos en Copenhague.
Nunca vi las turbas enardecidas de Oslo. No pisé el pasto seco de Alejandría.
Pero en Porto Alegre bailé los veinte discos de piedra
que hallé enterrados en la playa.
Pero en Helsinki habité en un trineo, fueron los botes de basura mi merienda
y mi baño fue el patio de un poeta desnutrido al que le robé el silencio.
Morí en el segundo mismo que pisé Shangai
con los pies descalzos.
Me acosté cinco noches en el hotel más barato de Marrakech.
En Santiago de Cuba encontré los restos de diecisiete hígados muertos
por inanición crónica.
En Estambul le dije que la amaba. Desde Granada le mandé tres cartas
para informar mi propia desaparición y muerte.
Nunca volví al Maule porque el Maule se fue muriendo lentamente.
Le quitaron la magia, me decían, le quitaron la vida, le quitaron el vino.
Nunca pude morir en mi tierra. Ni tomar una última copa.
Sólo la veía en su descanso eterno desde el balcón de una casa en Génova

mientras veía pasar golondrinas que quizá algún verano también conocieron mi tierra.
Y de fondo la triste musiquilla esa lamiéndome el alma. La triste musiquilla esa.

martes, junio 05, 2007

Noveno Cómputo

¿Tan raro parecería afirmar que los días me parecen cada vez más extraños?. Sé que al mirarme en el espejo veré cosas que no están ahí, que nunca han estado, pero que se desploman sobre mí como el granizo. Ningún paraguas podrá ayudarme esta vez. Desde hoy, cada vez que vea mi propia imagen no seré yo el que vea, sino los elementos más retorcidos que me componen. Puedo decirlo. Soy un hombre. Aunque también existen las cebollas.


"Los días del hombre cebolla"

¿Hombre cebolla?

Y la tarde entera buscando caracoles en mi puerta

pero sé que no hay caracoles.

Sólo se escucha caer la lluvia en mi ventana.
La lluvia aquella
donde caía la piel de las bananas,

donde caían los unicornios, los faunos y todas las hadas de los cuentos,

y por un suspiro la psicodelia me inundaba el cerebro y la garganta.


¿Hombre cebolla?

El hombre cebolla mira por la ventana y sólo escucha una lluvia que golpea y no está ahí.
No es lluvia.
Hay una voz que dice que no es lluvia.
Pero cae en mi espalda y se recuesta en ella.

Y continúa.
No es lluvia, es el canto de la luna al sentirse sola en compañía de las estrellas

y es que los viernes y los miércoles de cada semana

son malos días para darle un abrazo al cielo y esperar que no te caiga un rayo.

La luna carga un carcaj lleno de nadas para cazarlo todo,

y las estrellas, y la nada que nunca vuelve,
y la luna cazándolo todo sin tener nada. Sólo la palabra.

Tú que crees tener la palabra pero ni siquiera tienes nombre;
dime
la fecha y te seguiré odiando quizás por siempre;

dime
cuánto tiempo ha pasado ya.

Antes de dormir y que las luces se apagaran,
antes de nacer en tu vientre,

antes de explotar dulcemente en el baile sangriento de tus palpitaciones,

todavía creía, soñaba inocente hombre cebolla,
haber vivido cinco años, trescientas noches y tres vidas de cigarra.

miércoles, febrero 28, 2007

Octavo Cómputo

Disfrutar de la vida es un placer de pocos. Encontrarle un sentido una búsqueda imposible. Por eso lo único que en verdad queda es simplemente vivir y aprovechar cada segundo que se nos regala. Es que la vida es el único regalo que se da y se quita...

Carpe diem...


Los martes por la tarde siempre hay un libro en la ventana izquierda del cuarto.
Y sentado en una mecedora yace un hombre de ojos de vidrio.
Lleva ya cincuenta años en que cada martes lee diez líneas del libro,
ni más ni menos, tal como le enseñó su padre.
Es que su única familia es ese libro viejo escondido en la ventana.
Nunca hubo hermanos, sobrinos, hijos o nietos.
Sus padres murieron hace ya quince años.
Pero él cada martes por la tarde vuelve a leer religiosamente diez líneas
y a dejar el libro en la ventana izquierda del cuarto.
Así será hasta que el libro acabe.
Él lo sabe.
Un día nadie volverá a leer sus páginas
para que a poco a poco se haga polvo entre las sombras.
Y es que su vida es una carrera entre el libro y la muerte.
Él no lo dice, pero espera poder leer sus últimas palabras.
Y que después venga la muerte.
Total, después nada importará. Sus huesos se irán pudriendo como aquella vieja promesa echa a su padre.

martes, enero 30, 2007

Séptimo Cómputo

Hay pequeñas conversaciones que hacen de este mundo un lugar mejor y si sólo nos diéramos un minuto para hablar de la cuestión más insignificante todo sería más bello. Incluso nosotros mismos seríamos mejores personas, pero es tan sólo un decir... aunque a veces me gustaría tener una pequeña conversación contigo.


"Posibles tragedias"

¿Acaso no ves la luz que nos está quemando?

Te digo que mañana habrá un incendio y morirá calcinado
un hombre, su esposa y sus trescientos hijos.

¿Y tú almorzando?

Podría caerse en quince noches la luna en las alcantarillas
del pueblo más lejano del horizonte, aplastando el ganado arácnido
y las cien rodillas de un ciempiés.

¿Y tú cortándote las uñas?

Tal vez el jueves nos inunden veinte plagas de insectos come-ojos
y habita-cerebros y el exterminador de vacaciones.

¿Y tú volando a París en primavera?

Quizás se nos caiga el cielo encima y los rayos golpeen nuestras manos
mientras éstas se afierran a las nubes, los pájaros y las abejas.

¿Y tú tomándote una cerveza?

Y si un día, no sé, no me interesa, se acaba el mundo
y todavía nadie nos aclara si en verdad existe el paraíso en el cielo.

¿Acaso tendremos que inventar una salvación de última hora?

Y tú riendo.
En verdad esto es el colmo.
Y qué más se puede hacer.
Si el mundo en sí ya es una tragedia...

¿Todavía no ves la luz que nos está quemando?