sábado, junio 12, 2021

Quincuagesimonoveno Cómputo

La contradicción del que intenta escribir poemas es que en los momentos de mayor pasión, de mayor embelesamiento, de amor puro y sincero, las palabras quedan vacías y huecas y ya no hay qué escribir. Me pedías un poema y mi corazón, no mis manos, hacían poesía. Me pedías un poema y mi piel, no mi boca, recitaba poesía. Pero hoy por fin encontré las palabras perfectas, la sinceridad en las manos, y un regalo para ti, amor de mi vida.


Para Jimena

Hay pequeños días en la ciudad, 
minúsculos, 
efímeros, 
en que caminar junto a ti 
es el momento cúlmine de la vida. 
Y digo que son pequeños, pero son enormes. 
Porque cada segundo es una vida. 
Y cada vida es también un encuentro fortuito entre dos desconocidos 
que se aman y lo saben 
al instante mismo de mirarse a los ojos. 
Yo soy ese desconocido. 
Tú eres mi desconocida. 
¿Y si caminamos una vez más, en un instante minúsculo, pero eterno, 
tomados de la mano como hace casi cinco años? 
Podemos pasar infinitas vidas intentando buscar la posición perfecta 
para que mis dedos te den el calor 
que tu palma necesita. 

Hay pequeños días en la ciudad, 
minúsculos, 
efímeros, 
en que caminar junto a ti 
me hace entender la vida. 
Y digo que son pequeños, pero son gigantes. 
Porque cada minuto es una canción nueva de soul o de reggeaton 
para cantar en nuestra casa mientras teletrabajamos. 
Y cada canción somos nosotros, aventurándonos como desconocidos 
en una épica griega. 
Tú eres esa desconocida. 
Yo soy tu desconocido. 
¿Y si caminamos una vez más, en un instante efímero, pero atemporal, 
acurrucados hasta no poder respirar por el pelo que nos cubre la cara? 
Podemos pasar infinitas vidas intentando decirnos te amo 
a tal punto de perfección que ya no es ni siquiera 
sea necesario mover los labios.

miércoles, abril 07, 2021

Quincuagesimoctavo Cómputo

A Heriberto Miguel Tapia Martínez


Te quiero mucho, Pelado. 
Te lo decía siempre y tú, siempre sonriente, 
me decías Yo también. 

Y luego nos abrazábamos, risas, y una cerveza, 
piscola o jote. 
O una paila de huevos. 
O un ceviche hecho por ti. 
Un asadito y reírse de las cosas que pasaron 
y las que podrían pasar. 
De mi viejo, tus hermanos, 
la familia, los amigos 
y las mujeres. 

Porque toda tu historia parecía una improvisación planificada. 
Toda la alegría de tu sencillez ocultaba las penas y sufrimiento pasado. 
Porque la experiencia parecía ser en tu vida 
un juego iluminado por tu sonrisa 
y la contradicción. 

Como dicen siempre ante el episodio de la muerte, 
no tengo recuerdo malo de ti. 
Porque hasta en la ira y la pena había que seguir sonriendo y vivir. 
Gracias, Pelado. 
Gracias por las risas y sonrisas. 
Gracias por encontrar siempre la forma de estar junto a mí. 
Te quiero mucho. 
Te extraño tanto. 
Gracias por ser por sobre todas las cosas y hasta el último día 
mi Tío Miguel. 

jueves, mayo 19, 2016

Quincuagesimoséptimo Cómputo

A veces los hombres dejan de apoyarse en los silencios y hablan. Y esa palabra que sale de sus labios es casi un desahogo infantil. Hay veces que lloran. Y sus palabras se evaporan en sal. Y esas palabras, notorias y pesadas, van escociendo su lengua hasta convertirla en arena. Y entonces hay que volver al silencio y a las palabras mudas. Por tanto, si no escuchas nada, es simplemente porque se me acabaron las mentiras.


No me quites el beso de la boca. 
Déjalo que entibie mis labios 
como tus manos cuando entibian mi mejilla.

No me quites el beso.
Déjalo que ronde eterno y brillante 
en mi imaginación.
Déjalo que se haga cuerpo y sustancia.
Que envejezca en un tiempo absurdo de malas esperanzas.

No me quites el beso.
No quites tu lengua de mi boca.
No te lleves el cielo cuando hoy, más que siempre, necesito volar hasta tus ojos.
No te peines. No te despeines. No te hagas coleta.
No cuelgues en mi piel tus deseos. 
Conviérteme en tu deseo. 
Quiero tus labios. Deseo tu beso. 

No me quites el beso de la boca 
que moriré de frío sin tu calor. 
Quiero regalarte este mismo sentimiento, 
necesito que entiendas, y esto no es sólo palabrería, 
que ese roce eléctrico es capaz de encenderlo y apagarlo todo a la vez.

No me quites el beso de la boca.
Déjalo que entibie mis labios. 
Hoy tengo frío. 

No me quites el beso. 
Déjalo aquí unos minutos más. 
Que su sabor se haga aroma en mí. 
Nada temas. 
Cuando terminemos ya no estaré aquí.

miércoles, septiembre 16, 2015

Quincuagesimosexto Cómputo

Todavía hace frío, un vasito de chicha no estaría mal. Como para pasar las penas también. Para juntarnos en un nuevo lugar y hora. Un nuevo mundo personal. Para ti y para mí. Y para este vaso roto con grumos en el borde. Y ese olor dulzón. Tal vez me quede dormido, junto a ti. No quiero recordar que estoy solo.


"Invierno"

Quiero decirte algo hoy, a veces.
Que el invierno ya no es invierno. Ya no es estación sino circunstancia.
A ver si nuestros bailes nocturnos dejan de ser pieles sudorosas y nacaradas
moviéndose al compás de Marvin Gaye o Barry White.
Y en la excepción de mirarnos a los ojos,
la vista se nos vaya nuevamente hacia el cielo, a respirar
las estrellas y descansar poco a poco en códigos escritos en otros tiempos.

El invierno ya no es invierno.
Tus lágrimas son la única lluvia que manchará mi ventana.
Y tu sudor.
Y el mío. Ese es el juego.
Ir y venir por el tiempo, como vapor de agua
con problemas de existencialismo tardío,
cuando se ve en la encrucijada de volverse hielo o lágrima.
Como un mal chiste de festival.

El invierno ya no es invierno y no hay otoños ni primaveras.
Buscaremos un espacio en un lugar escondido del mundo
para volver a sentir el paso del tiempo en las mejillas.
Y ver tus pecas moradas de frío.
Y negros de soledad tus ojos azules.

lunes, diciembre 30, 2013

Quincuagesimoquinto Cómputo

Todos aquellos que por riqueza, educación, inteligencia o astucia tienen aptitud para dirigir una comunidad de hombres y la oportunidad de hacerlo -en otras palabras, todos los clanes de la clase dirigente- tienen que inclinarse ante el sufragio universal una vez éste ha sido instituido y, también, si la ocasión lo requiere, defraudarlo. Gaetano Mosca.


Mi democracia, querida, es que te quedes conmigo los días de lluvia para ver películas de Michael Miccino, William Friedkin o Tinto Brass y comernos lo que nos queda de helado y tal vez algo salado para picar. Y si me tomo un par de cervezas es que me exulta tu capacidad de crítica al sistema político. A veces, como día de elecciones, me gusta tomarte y desnudarte para mostrar tus pechos al mundo a ver cuánto idiota se sorbe y se pasa la lengua por los labios pensando en tu desnudez abstracta, y en sus sueños eróticos de soberanía popular. Tengo una particular debilidad de verte debatir las ideas más absurdas de economía, política, sociedad y revolución. Y si me indicas, soñadora, cándida, que con tu voto quieres cambiar el mundo, te dejaré dormir en mi piel, para que el frío te despierte del sueño en que te metieron esos, los del poder. Abrázame ahora. Tu vagina al viento es la única promesa que nos debe importar. Nuestro partido político, nuestro movimiento social es aquí en esta cama. Mi beso en tu vientre es el juramento a la bandera. Tu mano tocándome, la investidura final.

lunes, enero 21, 2013

Quincuagesimocuarto Cómputo

Melancolía es una palaba compuesta. Nace en el corazón y termina en los ojos. Tiene efectos maliciosos en las rodillas y el estómago. Se cuela en verano e invierno, en la altura y el mar, el desierto nortino y la Patagonia. Melancolía es también un deseo. Un placer culpable. Casi sexual, aunque no tanto. Casi nada, en realidad.


Planto mi pie al suelo como el mástil de acero que no se moverá de su sitial.
Como el roble, podrá caer la vida en sus raíces y no se moverá.
Me quedaré en esta tierra porque le pertenezco.
Le pertenezco al árbol, a la garza, a los chiquillos jugando fútbol y los viejos corriendo en bicicleta.
Soy del bar, del cerro, de la plaza, del matadero.
Vi morir al cerdo para comerlo.
El sonido de la muerte es el mismo de la vida. Sólo que es irremediable.

Quien camina por este lugar puede escucharlo en el viento
si no ocupa su atención completa en las faldas de las señoritas.
Es Eolo, dama, no yo, el que pone en entrevero mi concentración, es él el cortesano.

Me quedo aquí porque es mi deseo.
Y por eso me voy.
Para añorarlo.
Para volver cada vez como un hijo pródigo bíblico que vuelve a su padre
para ser agasajado con vestimentas, banquetes y sacrificios.

Abrázame, padre.
Abrázame, tierra. Río.
Vuelvo y volveré constantemente.
Planto firme mi pie en esta tierra.
El polvo de este suelo es mi corazón y orgullo.

viernes, julio 06, 2012

Quincuagesimotercer Cómputo

Amigo no es ese que está contigo en las buenas y en las malas. No es ese con el que tienes mil anécdotas o aquel en el que puedes confiar ante cualquier dificultad. Amigo es ese que toma contigo sólo por acompañarte. Amigo es el que te lleva a un bar y se queda contigo. Amigo es ese que desafina contigo en el antro que no es karaoke. Amigo es aquel y sólo aquel con el quisieras compartir la última copa.


“Sí man i yulma nin enquantuva?”

Para abrazar la botella no necesito un bolero triste, sangrante. 
El bolero lo escribo yo en cada beso. 
Convierto el poema en música y a través de ella 
el bar se transforma en burdel 
y la cerveza en mi coja, maltratada y teñida prostituta. 
No puedo dejarla. 
Vuelve a mí y me dice bebe. 
Me dice que el futuro ya se fue, que hay que beber por el pasado. 
Que hay que beber por el futuro. 
Y llega la rubia (teñida) trayendo dos morenas. 
Las siento en mis manos. Les explico que soy joven en esto; 
7 u 8 años. 
A lo más 10. 
Que lo descubrí en la juventud y el placer fue determinante. 
Que los años de Universidad me abrieron la mente 
a disfrutarlas en tríos e infinitas orgías, 
que sin embargo me dejaron maltrecho y cansado. 
Les digo que no teman, que siempre estaré ahí, hasta el último sorbo. 


Perdón, 
aliento. 


El bolero es en verdad más amargo que la cerveza y el vómito. 
Y el vino cabernet de siempre. 
Con ese moriré acostado, desnudo. 
¿De qué me podría siquiera servir la vida sin servirme una copa? 
Mujer, déjame aquí. 
Aquí nací como persona, junto a esta botella. 
En ella me imaginé tus besos y tu sexo. 
Si fuiste mía fue por ella. Dale las gracias. 
Salud, mi negra. 
¿Quién me llenará de nuevo la copa?

domingo, febrero 19, 2012

Quincuagesimosegundo Cómputo

"Diómedes"

Nací esclavo. Antes no lo sabía. Simplemente era un juego el trabajo duro, los días interminables bajo el sol quemando la nuca y la espalda. El conocimiento del suplicio vino después. Mas el juego continuaba tanto como se extendía la vida. Vi morir a mis abuelos, esclavos como yo. Vi morir a mis padres, esclavos como yo. Veía a mis hermanos seguir hacia el mismo indeclinable hado. Como una cruel broma, cumplida mi mayoría de edad, y (aún) creyéndome libre, fui llevado a un largo viaje con el hijo menor del Amo. Ahí conocí el hambre y el calor asfixiantes. El desierto no es bueno, decíamos entre nosotros, no hay sombra ni comida. Sólo unos pocos volvimos a casa. Comprendí lo prescindible de nuestras vidas, y yo, siempre obediente, por primera vez desobedecí. Entonces conocí el látigo y la claridad del dolor. Fuimos marcados con números, y nunca más hubo un dejo de respeto en el trato de los Amos. Yo los miraba, día tras día, intentando comprender sus pensamientos, mas nunca pude hacerlo. Hoy los veo caminar con la soltura de su innata libertad y siento repulsión. He visto la muerte de los míos y deseo la muerte para ellos. Anhelo ver sus cuerpos desgarrados y ensangrentados. Si sólo tuviera la oportunidad, cortaría sus cabezas y las arrastraría por el campo. Sí, lo haré cuando tenga la oportunidad.

- Es raro, pero creo que nos está mirando fijamente, como con odio.
- No seas idiota, Diomedes. Es sólo un caballo.

sábado, enero 28, 2012

Quincuagesimoprimer Cómputo

El círculo da la vuelta y al terminar la vuelve a dar. (K. Johansen)


El panadero estaba de acuerdo. El sacerdote estaba de acuerdo. Todos, en el bar, estaban de acuerdo. No era la opinión fortuita de la vejez reprochando la jovialidad juvenil. No, había más que eso. Poner de acuerdo al señor Corvalán y al señor Guzmán era una hazaña casi improbable, pero ese día, en ese lugar, frente a esas personas y sobre ese tema estaban en completa armonía. La pesadumbre en el ambiente era sólo el colorete mal puesto en la mejilla social de tan plural grupo. El sastre Fernández gruñía malhumorado, "algo hay que hacer", repetía constantemente. El sacerdote fue más realista. "Nada podemos hacer, es el destino. Si tan trágica suerte le depara a esos jóvenes es casi un juego de Eros o Cupido. Mira que venirse a enamorar llamándose Romeo y Julieta".

jueves, noviembre 10, 2011

Quincuagésimo Cómputo

Entre los actos de evangelización del cristianismo está la escritura misma del libro sagrado. La biblia vulgata fue traducida por Jerónimo de Estridón del latín clásico al latín corriente. "Vulgata editio" significa "edición para el pueblo". Cristianismo vulgar, sería una fácil y cómica asociación. Gracias, Guillermo Cabrera Infante.


- Atlantis.

- Pelotillehue.

- Urantia.

- Utopia.

- Santiago.

- ¿Santiago es una ciudad imaginaria?

- Como las Vírgenes, cada lugar tiene su propio Santiago. Lo es.

- Como un espejismo.

- No. ¿Tienes un cigarro?

- No. El punto, mi amigo, es que nunca he estado muy seguro de la cuántica.

- Cuática.

- Hipocondríaca.

- Hipocorística.

- Hipopotámica.

- ¿Y eso qué es?

- Grande y feo, como un hipopótamo.

- Como tu madre.

- Sí, a veces. Aunque debo decirte, está más bella que nunca. La muerte le sienta bien.

- Como a todos.

- Tienes algo en el ojo.

- Tal vez sea una catarata.

- Del Niágara.

- Más local, las Siete Tazas del ojo. Los siete ojos de la taza.

- Los 40 vecinos en el pueblo.

- ¿40? ¿Como los emprendedores amigos de Alí Babá?

- Nunca los conté.

- Ni ellos a ti. ¿Tienes un cigarro?

- No. Tengo una idea en la lengua

- Escúpela.

- Estoy seco.

- Dos cervezas más, por favor.

- Y para mí una copa de cabernet. Cabaret. Carpe diem.

- No te pongas sentimental ahora.

- Extraño esos momentos en que veía al cielo y no me preocupaba por el clima, sino por la probabilidad de ver un ángel o un platillo volador cayendo.

- Se dice tiempo, no clima. ¿Ves cómo sí te pones melancólico?

- Los tiempos se prestan para eso.

- No así las mujeres.

- Las mujeres no se prestan, se ofrecen. Diferencia semántica entre la prostitución y la masturbación solidaria.

- Míralo a él.

- ¿Qué tiene?

- Está borracho.

- No te pongas moralista.

- Au contraire, considéralo un hombre feliz.

- Como los dementes, locos y esquizofrénicos.

- Los esquizofrénicos no. Me perturban sus sensaciones de vacío en el tiempo.

- Amas la memoria.

- Amo la mermelada. Por la memoria tengo un profundo respeto.

- Muchas veces se pierde.

- ¿La memoria o el respeto? ¿Tienes un cigarro?

- Ambas. No.

- Me están llamando.

- ¿Es la maraca?

- No, es la otra. Mi polola ya no me llama como antes.

- Mejor así.

- Sí. Esos gritos me están volviendo loco.

- Dejad que los perros ladren, Sancho, esa es señal de que vamos avanzando.

- Estamos sentados.

- Metáfora.

- Metafísica.

- Metalúrgica.

- Metaalérgica.

- Hablando de neologismos.

- Es lo que yo llamo "irse de copas". ¿Tienes un cigarro?

- No. Pero puedo conseguirme unos cogollos.

- Bueno. Pero luego no alegues.

- ¿Por las conversaciones lisérgicas?

- De la vida en general. Y mucho menos de la muerte.

sábado, octubre 22, 2011

Cuadragesimonoveno Cómputo

Frente a ella se paraba estoicamente, aguantando cada palabra, cada insulto, cada maldición, como queriendo decirle con los ojos que sus palabras no tenían ningún valor; igual, al terminar la jornada, ella estaría tirada en la cama, jadeante, pidiendo más.


"Termópilas"

El acto sexual debe ser violento.
Los hombres que pasan por ti debieran golpearte,
maltratarte,
maldecirte
y maltraerte.
Cualquier grado de sonoridad en tu garganta merecería una palmada.
Debiese haber castigo para tu sensualidad y calentura.
Debiese haber castigo para esa forma en que retuerces la cadera
cuando te sientas sobre tu amante
y revuelves su cuerpo como batidora en celo.
Debiese haber castigo para las obscenidades que dices
(y haces)
cada mañana, cada noche, cada día a las 23:46
cuando despides a tu amante y recibes al primer cliente.

Te llevaría tranquilamente al purgatorio o a la casa de tu madre
para que entendieras lo difícil que es que te salgas con la tuya,
con la de él, la de ella.
Conozco tus gustos de Safo,
y disfruto la morbosidad de descubrir una Termópilas en tus sábanas.
Un consomé griego.
Sé que tu cuerpo no resiste la bulimia carnal.
Sé cuánto te gusta.
Pero no se te puede castigar;
es el castigo lo que disfrutas.

miércoles, octubre 19, 2011

Cuadragesimoctavo Cómputo

Lo que está escrito no fue pensado para ser leído por ti. Sinceramente.


Esta era la palabra.
Se me escapaba escurridiza de la sien
y se anidaba en mi pecho para darte calor con cada abrazo.

Soñaba; y el sueño era una conversación entre ella (tú) y yo (yo),
en silencio,
expertos en encontrar las palabras precisas
para no decir nada.

Y bueno, ¿Harás que valga la pena el esfuerzo?
¿Te montarás en mis brazos para comerte mi cuello
mientras como tus senos?
Mi corazón es un timbal de grandes proporciones
que sólo se acalla para escuchar tu voz.
¿Ves?
También uso palabras llenas de lírica
y no de anatomía humana.

Me cansa la poesía.
Me cansa escribir palabras llenas de sentimiento
cuando lo único que deseo es escupir a alguien en sus zapatos.
Sé que a veces soy el único que te escucha,
pero te aclaro que mis intenciones son puramente eróticas.
No me confundas con pretenciones ulteriores, metáforas o metonimias.
Si para llevarte a la cama tengo que mentirte,
te vomitaré este poemario en la cara.

martes, agosto 30, 2011

Cuadragesimoséptimo Cómputo

Me pide una moneda, dice que tiene hambre. Yo lo miro. Su rostro descuidado y su ropa andrajosa me indican que puede estar diciendo la verdad. Lo invito a un restaurante no muy caro para que coma un plato de comida caliente y una copa de vino. Entre el ardor del cabernet y la belleza del lomo, su cara parece tranquila. Parece feliz. Le pregunto quién eres. Yo alguna vez fui abogado y profesor. Solía leer tres libros a la semana, buscando en las palabras aquello que no encontraba ni en los tribunales ni en las aulas. Solía querer a las personas. Tenía esperanza. Lo perdí todo y sólo me quedaron las letras y el vino. Le pregunto qué pasó. Una pesadilla. Un rostro que vuelve y vuelve a mis sueños. Una mujer... una mujer pasó.

domingo, junio 05, 2011

Cuadragesimosexto Cómputo

El Cómputo hacia la vida que se acaba y la otra vida que no quiere comenzar. La diferencia es pequeña, pero decidora.


"El nombre no tiene nombre"

Mis pies son para patear puertas y convertir a cristianos en moros.
Soy un cristo milagroso que transforma el pensamiento en palabra,
la palabra en papel,
el papel en cogollo.
Vine al mundo a darle forma de gaviota, a darle vuelo y consistencia.
Mientras camino por la tierra voy sembrando esperanza en la hormiga,
en el cuervo y el vagabundo. Lamo la piel de los que me rodean.
Mi deporte es descubrir las imperfecciones del mundo
para enterarme de que son simplemente bellas.
Las balas pasan por mi cuerpo dejando cicatrices en iglesias, mezquitas y sinagogas.
Yo profeticé la muerte de dios dos mil años antes de su muerte
y les enseñé a los filósofos el pronombre tú.
Soy un verbo gerundio, voy comiendo, caminando, pensando, transcribiendo,
aniquilando, sopesando, reviviendo, lamentando, iluminando y comprendiendo.
Si la humanidad no vuelve sobre sus pasos
la haré volver con gritos y pornografía, con sermones y perros.
Tengo la respuesta a todas las preguntas y ya escribí el verso final del último poema del mundo.
Antes de mi muerte tomaré una lata de atún y la multiplicaré,
tomaré un pan de molde y lo multiplicaré:
le daré de comer a los gatos que viven bajo mi cama,
diré una última palabra gloriosa
y mi epitafio se escribirá con la sangre de aquellos que se atrevan a tocar mi cadáver.

sábado, mayo 21, 2011

Cuadragesimoquinto Cómputo

La historia se escribe con un chico de casi 24 años y una chica de edad indefinida. El tiempo es el mismo que se demora el pensamiento en transformarse en la palabra 'hola'.


No me dejes así, pequeña mariposa, no escapes. No te conviertas en aire que no pueda respirar. El mundo es pequeño como el ojo izquierdo del caracol que se arrastra junto a tu silla. Te encontraré. Donde sea que vayas, te encontraré. Nadie usa esos guantes rojos con la elegancia tuya. Puedes cambiar tus ojos, tu peinado, tus labios. Pero nunca cambiarás tus manos. Esas pequeñas manos. Se mueven por el aire en actitud de desaire, contradicción total. Son culpables de mi silencio cuando tocan el timbre del micro. Te culpo, pequeña mariposa. Te juzgo. Escapas y me separa una calle de ti. Me separa la muerte bajo un automóvil en exceso de velocidad porque el conductor estaba ebrio. O tal vez sólo tenía sueño. Es el momento del día en que la única diferencia entre ambos es el hálito: café podrido o alcohol podrido. Entras en la tienda y no sabes qué comprar. Sólo escapas. Sólo muerdes la uña de tu dedo anular izquierdo. ¿Dónde dejaste el guante rojo? Me desesperas, mujer, me aniquilas. Ayer yo era la felicidad completa escuchando música y pensando en cosas inútiles como desempleo y paz mundial. Hoy todo parecen corazones rosados y nubes con cara de ángeles. Lo que supongo son caras de ángeles, blancas, esponjosas, absolutas, altaneras, fácilmente desplazadas por el viento. Piérdete. No vuelvas. Conviértete en aire. Tal vez te respiro. Quizás alimentas mi sangre. O terminas escapando de mi cuerpo en forma de palabra como un simple 'chao'.

miércoles, mayo 11, 2011

Cuadragesimocuarto Cómputo

"Sacher-Masoch"

El ambiente suda. El aire es pesado, se carga sobre tus hombros como una viga de acero o un tronco de árbol del sur. Su vestido rojo enciende la noche. Provoca alucinaciones. Provoca desvarío. Incita a la perversión. Es cosa de agarrar con tu mano su muslo, apretarlo hasta que tu mano parezca un tatuaje mal hecho. Es cosa de besarla, morder su labio y beber la hidromiel que hace su saliva mezclada con sangre. Abrir tu mano y palmearla en el trasero. Dos veces. Dos más. Más fuerte. Que grite, que duela, que gima, que disfrute. Ella sabe lo que quiere; agarra cualquier cosa que tenga a la mano y parezca una macana. Y la pone en tu mano, como diciéndote "hazlo, es lo que quiero". La atas a una mesa, a una silla. La golpeas suavemente, como queriendo relajar sus músculos, como suavizando la carne antes de echarla al fuego. Entonces el desenfreno le gana a la razón, el instinto de muerte le arrebata la prioridad a cualquier sentido moral. Sólo la sangre puede calmar tu sed, sólo su cuerpo amoratado tiene sentido, sólo su llanto se asemeja al placer. Pero cuando tocas su piel lo sientes, ella lo disfruta. Cuando hundes tus dedos en su vagina puedes oler la humedad que delata el orgasmo. Y en un instante de sobriedad la ves maltrecha. Te preocupas, parece débil atrapada en tus manos.

- Ya basta.
- No te atrevas, no pares.
- Pero mírate, estás sangrando.
- No te preocupes, así es como me gusta.

sábado, abril 23, 2011

Cuadragesimotercer Cómputo

Se para frente a mí. Cuelga su cuello en mi hombro. Su mirada insiste en el horizonte. Yo muevo el brazo para intentar comprender su respiración. Se agota en mí con sus labios encabritados. Su pelo amenaza mi respiración metiéndose en mi boca y nariz. Todo se vuelve negro. Todo se vuelve luz. De ida y de vuelta. El vaivén es incesante. La necesidad de inclinarte y doblar las rodillas es perentoria. No quieres caer. No quieres aplastarla. Cumplimos la ley de Newton oponiendo fuerzas, cuerpo contra cuerpo, pecho contra espalda. La respiración se entrecorta, se acerca el momento de la despedida. Debo escapar. Una última mirada. La puerta del vagón del metro está abierta.

miércoles, abril 13, 2011

Cuadragesimosegundo Cómputo

El poema se marchita como una rosa. El poema crepita como el fuego. El poema se desliza como el susurro por el viento. El poema es fuerte como la roca que resiste la ola. El poema es agónico como el suspiro. El poema es invisible como la física cuántica. El poema es verdadero. No hay otra verdad.


I

El poema toma la forma incólume de un velo;
sobre los ojos, pero permite ver;
se asocia con el viento, mas no escapa;
registra los sonidos, pero no los atrapa.

II

Leo a Alessandro Baricco, Seda,
leo a Albert Einstein, Sobre la teoría de la relatividad,
leo a Antonin Artaud, Para terminar con el juicio de Dios,
leo sutras theravada, mahayana, vajrayana por igual.
El ojo no discrimina la palabra,
la belleza de una mujer, quizás

III / IV

El cuerpo se vuelve tibio / El agua llena el hervidor.
Ella toca su cuerpo con las yemas de los dedos / El calor acaricia el agua.
Se desnuda paciente, sensual, pornográfica / El agua entra en el caos.
Lleva una mano a su entrepierna, juguetona /El hervidor se agita y grita.
Su otra mano le circunda un pezón, gime / Evaporación del agua.

viernes, abril 01, 2011

Cuadragesimoprimer Cómputo

La luna llena roja oculta la sangre de los enamorados, juglares y poetas que en algún momento de su vida le imploraron al satélite un beso, un aplauso, un segundo de inspiración. Su luz es el reflejo de los ojos de las mujeres amadas. El color es un homenaje a aquellos que murieron de amor.

Para María, devota de esa luna roja.


Si clavas tu mirada en mí como un puñal ensangrentado;
si juegas como mariposa con los rayos de luz que chocan con tu pelo;
si vuelves a mí con el corazón en la mano y con la decisión en el estómago;
si la ironía aflora en tu boca como una rosa y la rosa la cantas en el poema;
si el poema es la espina y no la rosa;
si me dices todo aquello que no quiero, que no necesito escuchar;
si buscas en otros lo que no encuentras en mí;
si apareces y desapareces de mi vida como escapando de la luna llena;
si me paso la vida buscándote y nunca te encuentro;
¿cómo no vas a ser perfecta, soledad?

miércoles, marzo 02, 2011

Cuadragésimo Cómputo

Este es un intento de volver a vivir, de volver a soñar. De arrancarme ambos corazones y sopesarlos. Y al fin darme cuenta de que uno vale la pena y el otro no me llevará a ningún lado.


Mientras cabalgo de noche, atorado entre la montaña y el río, soy Walt Whitman.
Cubierto de mares, nubes y atavíos portentosos,
beso la boca de un hombre de barba que no sabe deletrear mi nombre.
Soy el capitán de mi barco, invoco todos mis deseos sexuales,
los reprimo a través de la tinta y los hago palabra para ser oída y recitada.

Voy a los bares a beber cerveza y cantar frente a un coro de indiferentes y papanatas,
escupo en la calle, pateo las mesas,
y dejo caer de mi mano el vaso que no llegará a mi boca.
Escribo en mi pecho un verso regalado por los mendigos
que mendigan mi dinero, trato de ser caritativo.

Cambio mi piel constantemente para no ser reconocido,
uso gafas oscuras, largas gabardinas y pelucas canosas
que me den un aire de superioridad senil.
Pero no soy céfiro, yo grito y resquebrajo el tímpano del energúmeno aquel
que se atreve a llamarme hombre y no amigo.

Caigo, y la gravedad me socorre como una enfermera
besando mi frente y mis heridas.
Entonces la calma se vuelve tormenta
y mi barco naufraga en una isla desierta del Pacífico sur;
llevándose con los restos de nao lo que me resta de conciencia.

Luego de la tormenta y el rayo el despertar es absoluto.
Una bella mujer (que ronca) a mi lado me recuerda que mi nombre
no es Walt Whitman.